miércoles, 29 de enero de 2014

El 29 de Enero de 1830

(Viernes, 29 de Enero de 1830)
Para el 29 de enero de 1830 ya estaba decidida la separación definitiva de Venezuela de la Gran Colombia. Consecuente con la posición inicial de separar a Venezuela y no obedecer más a Bogotá, José Antonio Páez lanza una proclama, «A los habitantes de la antigua Venezuela», en estos términos:
«Venezolanos: Dijisteis en noviembre que queríais separaros del territorio que formaba la república de Colombia, y vuestra voluntad se ha cumplido. Los cuatro departamentos en que estaba dividida la antigua Venezuela, Maturín, Orinoco, Venezuela y Zulia, todos han querido una misma cosa y todos han mostrado el mismo entusiasmo: no ha habido un solo pueblo disidente...
Venezolanos: os he ofrecido sostener vuestro pronunciamiento, y colocado hoy al frente del ejército, os protesto que ningún poder extraño invadirá nuestro territorio, que la tranquilidad pública no será turbada, y que escudaré la representación nacional, para que en plena seguridad fije vuestros destinos, y principie la obra de vuestra prosperidad...La libertad ha aparecido como el sol, y su eficacia ha despertado el patriotismo del pueblo más heroico del Nuevo Mundo. ¡Desgraciados los que quieran oponérsele, y más desgraciados los que intenten extinguirla! Sólo encontrarán la muerte».

martes, 28 de enero de 2014

Maracaibo logra su Independencia

(Domingo, 28 de Enero de 1821)
El 28 de enero de 1821, mediante un golpe bien planificado por los patriotas y los hermanos Delgado, uno de los cuales (Francisco) era Gobernador de Maracaibo, esta población se constituyó en territorio republicano, incorporándose así a Colombia. El jefe Patriota José Heras se desplazó desde Gibraltar y ocupó la plaza de acuerdo con los revolucionarios.
Tanto Bolívar como Urdaneta estuvieron dirigiendo los hilos conspirativos desde lejos vivamente interesados en la incorporación de Maracaibo.
De inmediato reaccionaron los realistas, alegando que por estar en el período de armisticio, firmado en noviembre del año anterior, no podían mortificarse las posiciones de ambos ejércitos, el republicano y el realista, por lo tanto, quedaba roto el armisticio por incumplimiento de los patriotas.
Internacionalmente, esta situación no convenía al Libertador. Empezó, entonces, un cruce de comunicaciones oficiales. Bolívar y Urdaneta argumentaron que no podía impedirse a un pueblo entero que se acogiera «a la protección de nuestras armas».
No habiéndose puesto de acuerdo diplomáticamente, el jefe realista La Torre declaró roto el armisticio, y debía volverse a la guerra. Fue así como Maracaibo contribuyó a la independencia de Venezuela de una manera directa, pues al reiniciarse las hostilidades, el 28 de abril, se llevó a cabo la campaña de Carabobo con la victoria de las tropas patriotas.

La Hazaña de Mucuritas

El 28 de enero de 1817, con sólo mil cien llaneros, Páez vence en Mucuritas a La Torre, quien comandaba más de cuatro mil españoles.
El valor de los llaneros y la astucia de Páez, que hizo quemar la paja de la llanura aprovechando la ventaja del viento, «con tanta eficacia como Nelson en Trafalgar», hicieron posible esta increíble hazaña.
El jefe realista Pablo Morillo, que se unió a La Torre al día siguiente, estampó estas elogiosas palabras: «Catorce cargas consecutivas sobre mis cansados batallones me hicieron ver que aquellos hombres no eran una gavilla de cobardes poco numerosa, como me habían informado, sino tropas organizadas que podían competir con las mejores de S.M. el Rey».

Juan Crisóstomo Falcón

(Jueves, 27 de Enero de 1820)
Juan Crisóstomo Falcón
Juan Crisóstomo Falcón nació en Tabe, Jadacaquive, Península de Paraguaná, actual Estado Falcón, el 27 de enero de 1820. En el Colegio Nacional de Coro hizo sus estudios iniciales, completando el curso de Filosofía.
Su actividad militar comienza en 1848, cuando ocurre el llamado fusilamiento del Congreso. Falcón actúa en defensa del Presidente Monagas y contra Páez, que se ha lanzado en favor de la Constitución. En 1853 está en Coro como Comandante de la Plaza y en 1857 pasa a Barquisimeto con las mismas funciones.
Pero la entrada definitiva de Falcón en la historia nacional parte desde el momento en que estalla la llamadaRevolución Federal, en 1859. Ezequiel Zamora está en Coro y Falcón en Martinica, desde donde se embarca para invadir por Palmasola en julio de ese mismo año. De allí, después de una emotiva proclama, siguió para Yaracuy y comenzó una serie de triunfos que iban inflamando a toda Venezuela en este fuego Federal.
Aunque el verdadero eje, alma de la revolución era Zamora, a la muerte de éste, en la batalla de San Carlos, Falcón quedó como Jefe absoluto. Derrotado en la batalla de Coplé, tuvo que emigrar a Colombia y de allí siguió a las Antillas en busca de recursos. Hizo nuevos intentos hasta que en 1863 se firmó el Convenio de Coche, luego del cual fue electo Falcón Presidente Provisional de la República; a menos de un mes de haber llegado al poder, dictó un decreto de garantías y convocó a elecciones. El mismo resultó electo Presidente Constitucional; pero el odio a las intrigas le obligó a abandonar el mando en 1868.
Falcón visitó Estados Unidos y Europa, enriqueciendo su cultura. No quiso volver a participar en la política venezolana. Cuando triunfó la revolución acaudillada por Guzmán Blanco en 1870, Falcón había decidido regresar a la patria, pero al hacer escala en Martinica, por agravarse sus males, hubo de terminar allí su noble existencia, el 29 de abril de 1870, el mismo día en que Guzmán Blanco entraba triunfalmente en Caracas.
El congreso le había dado el título de Mariscal de la República. Por disposición de Guzmán Blanco, los restos mortales de Falcón fueron repatriados en 1874, y llevados al Panteón Nacional.
EL GOBIERNO DE FALCON
A raíz de la Guerra Federal subieron al poder los caudillos militares triunfantes. Como consecuencia del tratado de Coche, el Jefe Supremo de la Federación, General Juan Crisóstomo Falcón, fue nombrado Presidente Provisional y luego elegido Presidente Constitucional para el período 1865-69. Durante su gobierno se instaló la Asamblea Constituyente que promulgó la Constitución Federal de 1864. La nueva constitución estableció el sistema federal de autonomía de las provincias y dio a la República la denominación de Estados Unidos de Venezuela. Sin embargo, la autonomía consagrada en la constitución sólo sirvió para "convertir cada región de la República en feudo de los caudillos triunfantes"; y el poder nacional para entronizar tiranos y facilitar el enriquecimiento personal de los gobernantes a expensas de los dineros públicos. En realidad, los principios que habían servido de base al partido liberal y a la guerra federal, fueron traicionados en la manipulación de los tratados y arreglos entre caudillos, a través de los cuales llegó al poder un nuevo grupo oligárquico que siguió escamoteando al pueblo los derechos y reivindicaciones por los cuales luchaba.
Durante el gobierno de Falcón se acentuó el desorden en la administración pública. Para cubrir el déficit el nuevo gobierno autorizó la contratación de un empréstito de un millón y medio de libras esterlinas, poniendo en garantía los derechos de importación que se produjeran por las aduanas de La Guaira, Puerto Cabello, Maracaibo y Ciudad Bolívar. El encargado de la negociación fue el General Antonio Guzmán Blanco, segundo en la jerarquía federal. Después de la manipulación del contrato, que dejó cuantiosa suma a Guzmán, el gobierno recibió apenas unos dos millones de pesos y un compromiso de 20 millones para ser cancelados en 25 años con los escasos recursos de la República.
Falcón manejó los fondos públicos con desparpajo, dice Antonio Arraiz. Solía librar vales contra la tesorería para dar gratificaciones a sus amigos y partidarios y dádivas y subsidios a muchas personas que los pedían.
A los últimos expedía esos vales en cualquier pedazo de papel. El parasitismo y la mendicidad a costa del Estado se acentuaron con la Federación y se convirtieron en nuevos vicios de la política venezolana". El aprovechamiento de los dineros públicos para beneficio personal se hizo con el mayor descaro. Gran la parte del dinero proveniente del empréstito fue a parar a manos de los caudillos triunfantes, en calidad de indemnización y sueldos atrasados. Falcón recibió 150.000 pesos por este concepto; y en la misma forma recibieron su parte, cada uno de los generales, coroneles, comandantes y demás oficiales y tropas.
"Algunas de las recompensas decretadas son las siguientes al Mariscal le adjudicaron 48.000 pesos por razón de sus sueldos como Presidente Provisional de la Federación, en el lapso transcurrido entre su desembarco en Palmasola su entrada a Caracas, más 100.000 adicionales para indemnizarle de las pérdidas sufridas en sus propiedades por causa de la guerra; al General Sotillo: 40.000; los Generales José González y José Desiderio Trías, sendas cantidades de 25.000, siendo oportuno recordar que Trías fue muy favorecido por los Monagas, que le otorgaron concesiones de baldíos; a don Napoleón Sebastián Arteaga le correspondieron 20.000. Además, a los Generales en jefe, de División y de Brigada, a los coroneles, comandantes, capitanes, tenientes, subtenientes, sargentos y soldados se asignaron recompensas metálicas decrecientes desde 8.000 a los primeros hasta 100 pesos a los últimos."
Los dineros del empréstito, administrados en forma alegre, no podían evitar el deterioro de la situación del gobierno. Se aumentaron los derechos de importación y de exportación; se crearon empréstitos entre los comerciantes. El desfalco en las aduanas y el contrabando, alcanzaron niveles escandalosos. La situación fiscal llegó a tales extremos que en 1867 el ministro de Hacienda renunció porque no había dinero en la Tesorería y el año siguiente el Congreso se disolvió porque no había fondos con que pagarle.
LA REVOLUCION AZUL
Esta situación económica y el desbarajuste administrativo, provocaron un descontento general contra el gobierno, de Falcón. A fines de 1867 estalló en oriente la revolución "Reconquistadora", que tomó como divisa el color azul intermedio de la bandera, a diferencia del amarillo de los liberales y del rojo de los conservadores, con lo cual querían dar a entender que se proponían una especie de conciliación entre unos y otros. Esta revolución y el gobierno que de ella surgió, se conocen en la historia de Venezuela, como "gobierno y revolución azul". Pero los revolucionarios salían ahora de las propias filas de los federales, descontentos por el exclusivismo que según ellos era la norma de la política del gobierno de Falcón.
"La cuestión hoy, más que nunca -decían- es sólo de hombres. Los causantes de esta situación son los hombres del poder que formando un círculo estrecho y exclusivista, han hollado todas las leyes y desatendido cuantos medios de conciliación y progreso aconsejan la sana política y los principios liberales."
En marzo de 1868, el General José Tadeo Monagas se puso al frente del movimiento. Un mes después, Falcón renunció a la Presidencia e hizo que el Congreso eligiera para sucederle al General Manuel Ezequiel Bruzual. El 24 de junio las tropas revolucionarias llegaron a Caracas y después de tres días de combates, ocuparon la ciudad. Se formó un gobierno provisional presidido por Guillermo Tell Villegas, y el 26 de junio, Monagas entró triunfalmente en ella.
PROCLAMA DE PALMASOLA
A los Venezolanos
Al pisar el territorio, al aparecer sobre la escena de la revolución, siento la imprescindible necesidad de hablar a mis conciudadanos. Prefiero siempre ser conocido; que nadie se equivoque conmigo. La patria debe, además, saber por qué vengo y lo que traigo.
No soy, a ella le consta, un militar de cuartel que hace la guerra por oficio; como tal, la guerra me inspira horror y menosprecio el que la hace. Soy lo que todo hombre de conciencia que ciñe espada y lo que he sido desde que Venezuela me prestó la de su libertad: un ciudadano armado y nada más.
Que menos puedo ser un ambicioso tentado por la víbora del poder, para quien la reputación significa poco, con tal de mandar sin ella; uno de esos hombres que, prefiriendo el monótono placer del mando al honor y la fama, renuncian a un puesto en el panteón de la historia, donde vivir con nuestros nietos, donde vivir con la edad del mundo, donde vivir siempre; uno de esos ante cuyos ojos la patria es nada, porque su predominio personal lo absorbe todo; que ni aun me parezco a tales monstruos, que lo diga Venezuela... Mis propios enemigos, así, que lo digan también.
Tampoco soy yo quien trae la guerra; ésta existe, y existe declarada por la nación en masa contra los opresores, tiranos, que, audaces, se constituyeron mandatarios por derecho divino y que por deber infernal imponen a los pueblos el deber de obedecerlos. ¡Insensatos! ¡Cómo olvidan el coraje de los venezolanos!
Sí, la cuestión no es que las leyes que hagáis sean buenas o males; la cuestión es que el derecho de hacerlas no es vuestro, sino de la mayoría, porque en las repúblicas corresponde a aquéllas el ejercicio de todos los poderes sociales
He aquí la verdadera causa de la presente revolución, la misma de siempre: que los gobernantes empeñan una lucha temeraria con el pueblo disputándose su soberanía; le imponen sus comisarios; y como sería ignominioso que el soberano se sometiese a tanta iniquidad, no quedándole otro camino, ocurre a las armas para hacer valedera su voluntad Tal es el secreto de nuestras perennes agitaciones. La anarquía en que vivimos no es causa, sino efecto; la causa de las cuales, la causa madre de ésa; que el pueblo quiere, y no lo dejan elegir
Las violencias eleccionarias de 1846 engendraron el año de 1848 y todos los que les siguieron después. ¿Cómo dudar que las del Gobierno provisional de marzo habrían de precipitarnos nuevamente en la insurrección? Si se quería concluir con la guerra civil para siempre, debió respetarse el querer popular; la libertad eleccionaria es la paz de Venezuela.
Ved cómo escarmientan los pueblos a los que atentan contra su soberanía; apenas un año, y eso combatiendo, ha podido durar la obra de marzo, porque burló el voto de la revolución. Hubieran tenido sus conductores buena fe, y estaba conseguida la más bella ocasión de conciliar los partidos; extinguir los odios, desarmar la venganza y fundar una paz duradera, libre y honrada.
Para hoy la República sería una verdadera práctica, con derechos reales y positivas garantías para el ciudadano, con discusión tan libre y franca como es franca y libre la razón del hombre. Tendríamos pacto social y no las precauciones, reticencias y ambigüedades de una bandería con otra.
Los partidos políticos mismos, convertidos en doctrinarios y persuadidos de que la fuerza no es palanca de este siglo, habrían confiado ya a la razón todo lo que deben a la felicidad pública.
Pero la patria es inmortal. Si aquella feliz oportunidad se desaprovechó, no ha de negarnos el cielo otra en que probemos que somos dignos de que no nos abandone todavía.
De mí nadie puede dudar con justicia; mis palabras deben ser creídas. No he mentido cuando el interés podía seducirme. ¿Mentiría ahora que la verdad es mi gloria?
Venezuela tendrá elecciones libres, que es su grande empeño, como base de la República, y con ellas será lo que quiera ser.
Desde el 20 de febrero todo nos ha sido próspero; y, permitidme, compatriotas, hacer en este lugar una mención honrosa del bravo jefe que de una en otra victoria ha tenido la fortuna de pasear por la República la bandera estrellada de la Federación.
Salió Zamora de Coro, la heroica, con un puñado de valientes; atraviesa la tercera parte de nuestro territorio por entre un erizo de fuerzas enemigas; toca a las puertas de las capitales de todo el occidente, las visita casi todas ellas, y dondequiera que tropieza con el enemigo, lo vence y lo desarma.
A las trescientas leguas de marcha, la opinión le guardaba a Barinas como premio de tanto denuedo, de habilidad tanta. Allí crea un ejército, lo organiza, lo arma; y seguro de su inexpugnable y rica base de operaciones, prueba todo lo que se puede cuando se cuenta con la opinión y se tiene fe en los pueblos.
¡Viva el ejército de occidente como un modelo eterno para la posteridad! La patria debe también muchos recuerdos de gratitud al viejo soldado y las lanzas orientales que con nosotros lidian infatigables en favor de la causa popular.
Derramemos una lágrima sobre la tumba de los valientes de ambos ejércitos que no hayan sobrevivido a tanta gloria.
Para hoy la revolución tiene toda su fuerza material; yo creo traerle el complemento de su autoridad moral; ese que me han dado el favor de los pueblos y la aceptación de los jefes armados que hasta ahora acaudillan al ejército.
Con esta autoridad propóngome darle unidad y concierto a la campaña, al propio tiempo que ahorrar sangre generosa y conjurar futuros peligros. Ayudadme, compatriotas, todos.
Vamos a fundar la República. Contribuid todos al triunfo nacional y luego Venezuela dispondrá libremente de su suerte, como dueña absoluta de sí misma.
La sangre que ello cuesta dejémosla caer sólo sobre los que pretendan todavía bregar con la opinión pública, poniendo a los venezolanos en el duro trance de escoger entre la esclavitud y la insurrección.
Si tal sucede, la guerra queda justificada, y la posteridad bendecirá a los que la hacemos si, fieles, fundamos la libertad de la patria.
CONVENIO DE COCHE
"Pedro José Rojas, Secretario General del Jefe Supremo de la República y Antonio Guzmán Blanco, Secretario General del Presidente Provisorio de la Federación, con el objeto de realizar la pacificación del país, han celebrado el convenio siguiente:
1) Se convocará una Asamblea para el trigésimo día después de canjeada la ratificación de este convenio, o para antes, si fuere posible reunir el quórum correspondiente;
2) Esta Asamblea constará de ochenta miembros elegidos, la mitad por el Jefe Supremo de la República, y la otra mitad por el Presidente Provisorio de la Federación.
3) En el instante de reunirse la Asamblea, el Jefe Supremo entregará a ésta el mando de la República.
4) El primer acto de la Asamblea será el nombramiento del gobierno que ha de presidir la República mientras ésta se organiza.
5) Desde los días próximos a la reunión de la Asamblea, la ciudad de Valencia no tendrá más guarnición que una pequeña fuerza para cuidar del orden público, la mitad destinada por el Jefe Supremo, la otra mitad por el Presidente Provisorio de la Federación.
6) Cesan completamente las hostilidades, y no se puede ordenar ningún movimiento de tropas, ni reclutamiento, ni nada que indique preparativos de guerra.
7) Así el General Páez como el General Falcón emplearán sus respectivos ascendientes en calmar las pasiones agitadas por la guerra, y en que la situación que va a sobrevenir sea tan pacífica, libre y durable como lo necesita la patria para reponerse de sus quebrantos.

sábado, 25 de enero de 2014

NOTAS BICENTENARIAS Ing. José Ubaldo García. Boconó, Edo. Trujillo, Noviembre 2013 Teléfono 0414-7484364 GGCHACARO@HOTMAIL.COM

Contradicciones de Mariño (I Parte)

            En los primeros días del año 1813 el margariteño Santiago Mariño encabezando un grupo de 45 hombres, navega por las tranquilas aguas de Paria para llegar a la población de Güiria y desde el islote de Chacachare organizar la resistencia que por el oriente del país, planea venir a Caracas para reconquistar el poder. Al otro extremo del país y por aquellos mismos días, se preparan las bestias en la frontera con Colombia, el Brigadier Simón Bolívar toma el Valle de San José de Cúcuta y el 14 de mayo pasa las aguas turbulentas del Río Táchira con unos 350 hombres, para empezar la campaña en la lucha contra la tiranía española.

            El 27 de Abril de 1813 sale el canario Domingo Monteverde de Caracas para la Guaira y se embarca con su ejército con destino a el oriente venezolano con las intenciones de apagar las candelas que han prendido en los pueblos los patriotas. En Maturín se encuentran con las tropas de Santiago Mariño el 25 de Mayo y las pésimas estrategias de un marinero convertido en conductor de soldados hacen que los realistas pierdan la batalla y salgan en desbandada, perseguidos por los entusiasmados orientales que convierten la victoria en fiesta y alegrías para seguir las luchas por la independencia de Venezuela.

            El conductor del ejército de oriente quiere avanzar hacia el centro, pero no se decide a hacerlo, Bolívar toma Barinas a principios del mes de Julio y desde allí le envía su primera carta para solicitar la unión de las voluntades en busca de la reconquista del poder (12/07/1813); es verdad que en alguna correspondencia hacia la Nueva Granada, el Libertador deja ver sus deseos de llegar primero a caracas y también es cierto que cada hombre entre aquellos Jefes Republicanos soñaba con tener todos los laureles y lograr la independencia de su patria, pero se puede ver en los documentos existentes, que la actitud asumida por el general Santiago Mariño en aquellos momentos y durante los primeros meses del año 1814, parece inclinada hacia la descoordinación, en algunos días influenciada por los regionalismos y sin la argumentación necesaria e importante para alejar de él, un sentimiento de envidia y descontento pasivo en contra del Libertador. El 25 y 28 de Julio el ejército patriota desde valencia informa de sus triunfos y llama a la concordia entre todos los venezolanos para la organización de un gobierno sin los españoles, el 7 de Agosto el tío de Bolívar, Comandante de la Guaira Don Leandro palacios escribe a Mariño, le informa de los últimos acontecimientos y solicita el avance de sus tropas hacia el centro del país, así como pide la ayuda de las fuerzas navales para hacer efectivo el cerco militar contra la plaza de Puerto cabello que aún permanecía en manos de Monteverde.

            Instaurada la II República es necesario hacer de todo; organizar la hacienda, planificar la administración, nombrar los mandos, hacer las leyes, equipar un ejército y además luchar contra los restos de las tropas y oficiales españoles que habían quedado regados en todos los caminos y que en estos meses de septiembre y octubre se estaban agrupando y agarrando fuerza como para crear verdaderas preocupaciones entre los patriotas. Las candelas muestran sus humaredas en Puerto cabello con los refuerzos llegados desde Cádiz, en coro y Maracaibo con un ejército mandado por el Gobernador Ceballos, en San Fernando con el restablecido Yáñez, que ha llegado hasta Barinas y Guanare con sus venganzas y por los llanos centrales en donde se hace grande el feroz José Tomás Boves quien se ha hecho cabecilla de los llaneros y su terrible caballería.

            Bolívar, Urdaneta, Ribas y Campo Elías se mueven con rapidez para detener a los realistas y de nuevo se piensa en los hombres valerosos del invicto ejército de oriente. Existen al menos tres cartas escritas por Bolívar desde Valencia en aquellos meses de desesperación y angustias (4 de Noviembre 1813 y 3 de Enero, 30 de Enero 1814) en todas ellas se solicita la colaboración y la unión de las fuerzas de las hombres que luchan por la misma causa y en algunos párrafos se llega a implorar por el auxilio para la salvación de la joven república.
            Las fuerzas navales vienen de oriente al mando de Carlos Piar para ayudar en el bloqueo de Puerto Cabello y cuando apenas se acomodaban en sus importantes labores son retiradas por orden del General Mariño. El Coronel Ariosa al mando de una división de soldados orientales avanza sobre Caracas por Barlovento para distraer a los realistas, pero de pronto y sin ninguna explicación se retira de nuevo hacia Barcelona, es allí donde Bolívar dice: “Permítame usted, suplicarle también me revele las causas que han influido, y que no conozco, para tomar determinaciones tan contrarias a las que hasta ahora usted había tomado” y en otro párrafo: “ Excelentísimo señor, el occidente de Venezuela va a ser destruido si los poderosos socorros de usted no le salvan a la peligrosa lucha en que está empeñado”.

            Es casi increíble pero cierto que en algunas cartas firmadas por el Libertador  de oriente solicita que Venezuela permanezca dividida en dos grandes bloques; Oriente y Occidente y que se establezcan gobiernos separados que colaboren estrechamente para su manutención y defensa y que sus ejércitos mantengan los mandos correspondientes hasta el momento. Estas son las razones de sus tranquilos procederes en aquellos terribles días, en los que se sacrificaron tantos hombres y recursos y que a la larga nos hará perder la II República.

            Para establecer algunas relaciones entre los grandes apuros y necesidades de auxilio ante los criminales avances de Boves y Morales, de Ceballos y Yáñez y de otros jefes españoles, es necesario aclarar los tiempos de aquellos acontecimientos:

“El día 7 de Agosto de 1813 Leandro Palacios solicita la participación de la flota naval y es el día 2 de Diciembre cuando el General Piar establece el bloqueo antes de retirarse casi sin causar ningún efecto a los españoles sitiados en el Puerto Cabello”.

            “Desde que Bolívar pide la unión de los hombres y los ejércitos en carta desde Barinas el 12 de Julio de 1813, hasta la llegada de Mariño y su tropa para la unión de los ejércitos el 23 de Marzo de 1814 han transcurrido 8 meses y 12 días. En todo éste tiempo pasado las fuerzas occidentales se han agotado en continuos combates, casi sin descanso y con pocos recursos han mantenido bajo control a los autoritarios españoles que se restablecen como por arte de magia”.

“El 31 de Marzo de 1814 el ejército oriental comandado por el General Mariño vence al terrible Boves en la Batalla de Bocachica y detiene momentáneamente los avances españoles hacia la capital”.



Ing. José Ubaldo García

Boconó, Edo. Trujillo,  Noviembre 2013

NOTAS BICENTENARIAS Ing. José Ubaldo García. Boconó, Edo. Trujillo, Noviembre 2013 Teléfono 0414-7484364 GGCHACARO@HOTMAIL.COM

Un Venezolano Realista I Parte

            El día 04 de Agosto de 1813, dos días antes de la entrada triunfal del ejército Libertador a Caracas, un grupo de hombres deliberaba sobre las acciones a seguir, eran habitantes civiles de esta ciudad que se proponían abandonarla por tratarse de personajes que habían estado siempre del lado de los realistas. Entre ellas se encontraba el Dr. José Domingo Díaz quien después de pedirle la bendición al Arzobispo Don Narciso Coll y Pratt, fue en busca de su familia (su esposa y dos hijos) para recoger algunas de sus pertenencias y en tres burros sumarse a la caravana de españoles y canarios que viajaban hacia la Guaira para buscar un lugar en uno de los buques que salían hacia las islas del caribe.

            Este hombre, José Domingo Díaz, nació en Caracas en Agosto de 1772, fue criado por los sacerdotes  Domingo y Antonio Díaz Argote y en su partida de nacimiento está registrado como Expósito. Estudió latín, filosofía y medicina en la real y pontificia Universidad de Caracas, para cuyo ingreso seguramente contó con la influencia de la iglesia, por cuanto los estudios de entonces  estaban prohibidos para aquellas personas que no tuvieran un origen paterno definido y por lo tanto dispusieran claramente de la pureza de su sangre.

            En 1794 obtiene la licencia de Médico y comienza a ejercer su profesión siempre bajo un permiso especial obtenido de la Corona Española. El Dr. Díaz fue un personaje muy inteligente y se cuenta que dominaba el francés, el inglés y que llego a leer todos los clásicos de la época, participaba en reuniones literarias, escribió poemas y varios dramas para el teatro de entonces. El escritor Don Juan Vicente González, medio siglo después lo describe: “Era alto y flaco, de rostro largo y enjuto, huesudo, de ojos verdosos, inquieto, de una actividad turbulenta y febril. Poseía también cualidades incontestables: la sobriedad, un amor al trabajo infatigable y excesivo”.

            El Dr. José Domingo Díaz trabajó como médico en Venezuela y su participación en la cura de enfermedades fue muy importante principalmente en el tratamiento de la fiebre amarilla que para entonces causó grandes estragos. Estudió las causas y características de la enfermedad y realizó un plan de acción para su combate, así como conoció de la obra de Benjamín Rush titulada “Relación de la Calentura Biliosa Remitente Amarilla que se Manifestó en Filadelfia en 1793”.

            En los días previos al grito de independencia en Venezuela y en los años posteriores, el Dr. Díaz fue un participante activo en favor del mantenimiento del poder español, vivió todos los momentos de la turbulencia revolucionaria, conoció a la mayoría de los participantes  en los días del 19 de Abril de 1810 y los sucesos de los años siguientes y se opuso con sus acciones y principalmente con sus palabras y sus letras a la independencia de América.

            Recuerdos de la Rebelión de Caracas es un libro de éste médico caraqueño en el que escribe en primera persona sus impresiones de los acontecimientos de la historia y cada página está cargada de un sentimiento regensista, y un absoluto conformismo para con el gobierno impuesto por la realeza española, hasta el punto que en ellas describe muchas acciones saturadas de mentiras y arreglos personales que demuestran fácilmente su espíritu cargado de racismo y conveniencias de las oligarquías dominantes, en contra de la mayoría del pueblo trabajador, y para muestra un botón, sobre las causas de los movimientos independentistas escribió; “… y llegaron muchos libros prohibidos, la ignorancia, la malicia o la novelería hacían ver entonces como llenas de sabiduría las producciones de aquella gavilla de sediciosos llamados filósofos, que, abrigados en Paris trabajaban para llevar a cabo su funesta conjuración: la anarquía del género humano. Y más adelante sobre el 19 de Abril dice: “Una rebelión hecha en los momentos menos esperados, cuando la madre que nos dio el ser necesitaba más de nuestro apoyo en sus desgracias, rebelión baja, degradante ignominiosa. Una rebelión que iba a sepultarnos en males incalculables, no solo por su insensatez, sino por los hombres que la habían tramado y ejecutado, y por los que gobernaban las provincias, rebelión brutal, estúpida e insensata”.

            Después de la caída de la Primera República el Dr. Díaz  alternó sus trabajos de médico con la de escritor y editor de un periódico que en un principio se llamó el semanario de Caracas y que Domingo Monteverde lo apadrino con el nombre de Gaceta de Caracas y desde el cual los realistas mantuvieron una trinchera de las letras para contar las más escandalosas mentiras y hacer públicas todos los sucesos arreglados a su manera. Cuando aquel 4 de Agosto  por la noche el Dr. y su familia llegaron al puerto de la Guaira, encontraron un puesto en un apretujado buque  y que gracias a su influencia pudo abordarlo para viajar a Curazao.

            José Domingo Díaz se estableció en la Isla de Curazao y desde allí inició casi sin pérdida de tiempo su accionar con la imprenta para entorpecer las luchas de los patriotas. Por aquellos días escribió extensas cartas que publicadas en las islas de las Antillas, circulaban en el exterior y entraban en Venezuela para difundir noticias falsas y abultados inventarios de los recursos y hombres del ejército español.

            Las cartas de fines de 1813 escritas por José Domingo Díaz son dignas de análisis y material especial para otras Notas Bicentenarias posteriores, así como el comportamiento de este singular venezolano que regresó al país con la caída de la Segunda República para encontrarse de nuevo con los realistas  que habían sobrevivido a las luchas, entre ellos el Marqués de la casa de León y el Arzobispo Coll y Pratt a quien abrazó y besó su anillo pidiéndole las mil bendiciones para su sana conciencia.

            Quedarán nuevas crónicas para el estudio de este personaje que se congratuló mucho con las matanzas de Boves en valencia y Calabozo, a quien recibió en Agosto de 1814 en la ciudad Capital y se embriagó con su amistad en aquel famoso banquete preparado para la ocasión por la oligarquía caraqueña que bailaba complacida de conocer al nuevo caudillo y se asustaba con la negritud y el pardaje de todos sus acompañantes.

Nota:
-       Expósito: Dícese del recién nacido que ha sido abandonado en un lugar.

-       José Domingo Díaz se expresaba de nuestro libertador con las siguientes frases: “el 06 de Agosto entró el inhumado a Caracas”, “El tirano nunca cumplirá su palabra”, El sedicioso logró llegar hasta Mérida aquella tarde”, “El aventurero y falaz traicionó a su gente”.



Ing. José Ubaldo García

Boconó, Edo. Trujillo, Noviembre 2013

Manuel Cabré (El Pintor del Ávila)

(Sábado, 25 de Enero de 1890)
Manuel Cabré (El Pintor del Ávila)
El 25 de enero de 1890 nace en Barcelona de España el pintor Manuel Cabré, quien desde muy niño fue traído a Venezuela. Precozmente, a la edad de 8 años aparece inscrito en la Academia de Bellas Artes, donde su padre, el escultor Angel Cabré y Magriña regentaba la cátedra de escultura.
Cabré se convierte en un enamorado del paisaje venezolano, pero especialmente del caraqueño Cerro Avila, el que pinta desde todos sus ángulos y con todos los cambiantes matices del antiguo Guaraira-repano de nuestros indígenas.
Después de realizar exitosas exposiciones en Caracas, Cabré se traslada a París, donde se queda hasta 1930. En esta época cultiva el cubismo y el impresionismo.
En 1931 está de regreso en Venezuela y se dedica con ardor a captar la naturaleza del país. Manuel Cabré gana en 1951 el Premio Nacional de Pintura y en 1955 el Premio Herrera Toro, en el XVI Salón Oficial, además de otros galardones merecidos.
Cabré era un paisajista por excelencia, con técnica, color y forma. Al morir en Caracas, el 26 de febrero de 1984, deja una obra imperecedera.