viernes, 4 de octubre de 2013

Juan Antonio Pérez Bonalde

(Martes, 4 de Octubre de 1892)
Juan Antonio Pérez Bonalde
El 4 de octubre de 1892 muere en La Guaira el poeta de «La Vuelta a la Patria», el poeta de Caracas, Juan Antonio Pérez Bonalde.
Pérez Bonalde nació en Caracas en 1846, el 30 de enero. Fue el noveno hijo del matrimonio integrado por Juan Antonio Pérez Bonalde y Gregoria Pereyra. Huyendo de la guerra federal, la familia Pérez Bonalde se traslada a Puerto Rico (1861). Para sostenerse, fundan un Colegio, donde el joven poeta, de quince arios, se desempeña como Profesor. ¿Qué formación tiene Pérez Bonalde para ese entonces? Felipe Tejera dice que se había dedicado especialmente al estudio de la música, el dibujo e idiomas extranjeros.
Poseía también conocimientos prácticos. En la isla de Santomas (a la que se trasladó la familia desde Puerto Rico), Pérez Bonalde se emplea como tenedor de libros. En 1864, pacificado el país, los Pérez Bonalde retornan a Caracas y planifican otro colegio, semejante al de Puerto Pico. La muerte repentina del padre aborta el proyecto. Entre 1864 y 1870 Pérez Bonalde vive en Caracas. Trabaja como puede para ganarse la vida. Interviene en política con el Partido Liberal.
En 1870 llega a la primera magistratura el General Guzmán Blanco, de quien Pérez Bonalde es enemigo político. El poeta se va de Venezuela en aquel año de 1870. Vuelve por poco tiempo en 1876, y no regresa definitivamente hasta 1889, llamado por el gobierno del Dr. Raimundo Andueza Palacio. En estos dieciocho años largos, su centro de operaciones es Nueva York. Se emplea en la casa Lenman y Kemp-Barclay y Cía., y viaja por casi todo el mundo como representante de esta firma. Tiene oportunidad de aprender idiomas y de perfeccionar los que ya sabe. Se convierte en un extraordinario políglota y en excepcional traductor de poesía.
En 1879 se casa con Amanda Schoonmaker. La unión de esta pareja es desafortunada. En el dolor del exilio, nace una hija, Flor. El poeta concentra en ella sus afectos y alegrías. Le espera, sin embargo, un rudo golpe. La niña fallece en 1883. De esta trágica circunstancia brota esa conmovedora elegía que lleva por título Flor.
Sus lecturas, su vida errante, su aguda sensibilidad, ciertos aconteceres aciagos, todo lo va conduciendo al escepticismo. A partir de aquel trágico 1883, no vuelve a publicar libros de poesía propia. Sólo sus grandes traducciones, las de Heine y Poe. Busca escaparse de la realidad, ya no por el paisaje poético, sino por la puerta falsa del alcohol y de las drogas. Su salud comienza a resentirse. Quienes lo conocen y lo tratan, como José Martí, advierten en él un aire de melancolía profunda, y de tedio vital. Poco a poco llega a los límites del nihilismo. A la total incredulidad, a una falta de fe en el presente y en el porvenir. Testimonio son estos párrafos de su libro de Memorias, dados por el poeta a la prensa caraqueña:
Muchos años han pasado desde la última vez que dejé un recuerdo de vida en estas páginas.
Y ¿qué he conseguido, qué he alcanzado durante este largo transcurso del tiempo?. .
Lo que alcanzaría el hombre que viviese mil años; lo que ha alcanzado la humanidad desde su misterioso principio hasta el presente: NADA!
En 1889, bastante quebrantado de salud, regresa definitivamente a Venezuela. El gobierno de Andueza Palacio le ofrece un cargo diplomático. El poeta accede. Se embarca con rumbo a la ciudad de Amberes. Pero se siente tan enfermo que regresa desde Curazao. En vano intenta buscar salud en las aguas termales de San Juan de los Morros y luego en La Guaira. Una hemiplejia agrava su situación. Y el 4 de octubre de 1892 fallece en La Guaira. Once años después (1903) sus restos son trasladados a Caracas en medio de solemnes honras fúnebres. Y desde 1946, centenario de su nacimiento, sus cenizas reposan en el Panteón Nacional. En uno de sus poemas, Pérez Bonalde había dejado esta especie de disposición final:
POR SIEMPRE JAMAS!
Traedme una caja
de negro nogal,
y en ella dejadme
por fin reposar.
De un lado mis sueños
de amor colocad,
del otro, mis ansias
de gloria inmortal;

la lira en mis manos
piadosos dejad,
y bajo la almohada
mi hermoso ideal...
Ahora la tapa
traed y clavad,
clavadla, clavadla
con fuerza tenaz,
que nadie lo mío
me pueda robar...

Después, una fosa
bien honda cavad,
tan hioda, tan honda,
que hasta ella jamás
alcance el ruido
del mundo a llegar.
Bajadme a su fondo,
la tierra juntad,
cubridme...y marchaos
dejándome en paz...

¡Ni flores, ni losa,
ni cruz funeral;
y luego...olvidadme
por siempre jamás!.
LA OBRA DE PEREZ BONALDE
La obra poética original de Pérez Bonalde está representada por dos Poemarios: Estrofas (1877) y Ritmos (1880). Sus traducciones de mayor importancia son El cancionero (1885) del alemán Henrique Heine, y El cuervo (1887) del norteamericano Edgar Allan Poe.
En sus libros originales, Estrofas y Ritmos, reúne poemas escritos en diversos lugares. En ambas obras, la huella de un poeta intimista, sincero que no imita a los maestros del Romanticismo europeo, sino que extrae los temas de su propia peripecia vital. Su poesía, perdurable por ello, y por el fino e ilustrado espíritu de su creador, se encuentra relacionada de inmediato con algunos de los grandes aconteceres de una existencia errante y dolorosa, y con los fines que según la concepción romántica debía cumplir el poeta,
... pues a más de profeta,
sacerdote y caudillo,
es la misión sublime del poeta
ser héroe denodado, aunque sencillo,
y vencedor del tiempo y de la muerte..!
Profeta, es decir, vate, vaticinador, iluminado, capaz de ver más lejos y más hondo que el común de los hombres, tal como ya lo pregonaban los latinos. Quien es un vidente, un soñador sagrado, un Profeta es también un Sacerdote, puesto que su misión consiste en conducir a la humanidad, cuyo destino él conoce por revelación, o porque sus facultades intelectuales son de orden superior. De este modo, el sentimiento religioso (de signo positivo o negativo) se empalma con la misión social que el poeta debe cumplir, como Caudillo, esto es, como guía, cabeza de unos ideales que luchan por Libertad y Justicia. Esta circunstancia y el individualismo romántico, conciben al poeta como un Héroe señero, que combate cada día contra las propias miserias y las ajenas, contra los desfallecimientos del ánimo y la duda. Por último, Vencedor del tiempo y de la muerte por cuanto, como ya lo predicaban desde la Alta Edad Media Dante Alighieri y Jorge Manrique, el arte es una de las vías que el hombre dispone para alcanzar la inmortalidad.
Cuatro poemas, los mejores, responden a suscitaciones vitales. El primero, en orden cronológico, es un canto de desterrado, Vuelta a la patria (1876), cuya doble motivación, la alegría del regreso a la madre patria y el dolor ante la muerte de la madre carnal, hacen de éste el mejor poema entre todos los numerosos cantos de exilio que se escribieron en Hispanoamérica. Es una elegía asordinada, serena, sin estridencias.
Pobre poeta (s. fecha). El segundo gran poema, dedicado a la memoria del malogrado lírico puertoriqueño José Gautier y Benítez (1848-1880), contiene una conmovedora definición de la naturaleza espiritual del creador, aplicable, como es lógico, al mismo Pérez Bonalde. La sensibilidad del poeta está vista como un cilicio. Las dos primeras estrofas orientan ya acerca del tono y del tema:
¡Oh, no envidiéis al que en la herida frente
lleva cual fiero dardo
la inspiración ardiente,
la codiciada llama
que viva luz derrama
y gloria en torno al aplaudido bardo!
Oh no, no lo envidiéis; de la áurea rama
que sus sienes corona, cada hoja
representa un martirio, una congoja,
una herida profunda, un desencanto,
sangre del pecho, o de los ojos llanto.
Cada paso que avanza
de la inmortalidad en la ardua senda,
cada triunfo que alcanza
le cuesta una creencia, una esperanza
que más y más la bendecida venda
de la ilusión aparta de sus ojos.
Poema del Niágara (1880). El tercer gran poema, considerado entre otros por José Martí, como la obra maestra de Pérez Bonalde, es el Poema del Niágara, compuesto como el de Heredia, a vista de las imponentes cataratas. El poema obedece al sentimiento del romántico por la Naturaleza y a su identificación con algunos espectáculos naturales de gran belleza. Pérez Bonalde va más allá. El torrente y su catarata le hacen imaginar que en ellos está oculto un Genio a quien el poeta puede interrogar acerca los misterios de la vida y de la muerte. A las preguntas que formula, el eco responde sombríamente dando a entender que nada existe más allá de esta existencia efímera:
Heme aquí frente a frente
de la espesa tiniebla desde donde
oírme debe la deidad rugiente
que en su seno se esconde:
Dime, Genio terrible del torrente,
¿a dónde vas al trasponer, la valla
del hondo precipicio,
tras la ruda batalla
de la atracción, la roca y la corriente. . ?
¿A dónde va el mortal cuando la frente
triunfadora del vicio,
yergue, al bajar a la mundana escoria
en pos de amor, y venturanza y gloria?
¿A dónde van, a dónde,
su fervoroso anhelo,
tu trueno que retumba...?
Y el eco me responde,
ronco y pausado: ¡tumba!
Espíritu del hielo,
que así respondes a mi ruego, dime:
si es la tumba sombría
el fin de tu hermosura y tu grandeza;
el término fatal de la esperanza,
de la fe y la alegría;
del corazón que gime
presa del desaliento y los dolores;
del alma que se lanza en
pos de la belleza,
buscando el ideal y los amores;
después que todo pase,
cuando la muerte, al fin, todo lo arrase,
sobre el oceano que la vida esconde,
dime qué queda;
dí ¿qué sobrenada..?
Y el eco me responde,
triste y doliente: ¡nada!
Entonces, ¿por qué ruges,
magnífico y bravío,
por qué en tus rocas, impetuoso, crujes
y al universo asombras
con tu inmortal belleza,
si todo ha de perderse en el vacío. . ?
¿Por qué lucha el mortal, y ama, y espera,
y ríe, y goza, y llora y desespera,
si todo, al fin, bajo la losa fría
por siempre ha de acabar..? Dime, ¿algún día,
sabrá el hombre infelice do se esconde
e1 secreto del ser..? ¿Lo sabrá nunca..?
Y el eco me responde,
vago y perdido: ¡nunca!
¡Adiós, Genio sombrío,
más que tu gruta y tu torrente helado;
no más exijo de tu labio impío,
que al alejarme, triste, de tu lado,
llevo en el cuerpo y en el alma frío.
A buscar la verdad vino hasta el fondo
de tu profunda cueva:
mas, ay, en vez de la razón ansiada,
un abismo más hondo
mi alma desesperada
en su seno, al salir, consigo lleva...!
¡Ya sé, ya sé el secreto del abismo
que descubrir quería..!
¡Es el mismo, es el mismo
que lleva el pensador dentro del pecho:
la rebelión, la duda, la agonía
del corazón en lágrimas deshecho!
Flor (1883). El cuarto gran poema de Pérez Bonalde es el canto elegíaco que escribe bajo el terrible impacto que le produce la muerte de su hija Flor. Si en el Poema al Niágara dice salir del abismo, sin respuesta para sus grandes preguntas acerca de los misterios del ser, en Flor se enfrenta a Dios al no comprender cómo pudo haber sido herida de muerte una criatura que apenas abría los ojos a la vida. Es el dolor máximo, la suprema rebelión de los poetas satánicos, que en Pérez Bonalde es la culminación trágica de una existencia destrozada por el hado:
Señor, ¿existes? ¿Es cierto que eres
consuelo y premio de los que gimen,
que en tu justicia tan sólo hieres
al seno impuro y al torvo crimen?
Responde entonces: ¿Por qué la heriste?
¿Cuál fue la culpa de su alma triste?
¿Cuál fue la mancha de su inocencia?
¡Señor, respóndeme en la conciencias!
Alta la llevo siempre, y abierta,
que en ella nada negro se esconde;
la mano firme llevo a su puerta,
inquiero... y nada, nada responde.
¡Sólo del alma sale, un gemido
de angustia y rabia, y el pecho, en tanto
por mano oculta de muerte herido,
se baña en sangre, se ahoga en llanto!
¡Y en torno sigue la impía calma
de este misterio que llaman vida,
y en tierra yace la flor de mi alma,
y al lado suyo mi fe vencida!
.........................................................
¡Nada, ni la esperanza
ni la fe del creyente
en la ribera nueva,
en el divino puerto
donde la barca que las almas lleva
habrá de anclar un día;
ni el bálsamo clemente
de la grave, inmortal filosofía;
ni tú misma, divina poesía
que esta arpa de lágrimas me entregas
para entonar el aéreo de mi duelo...!
¡Tú misma no, no llegas
a calmar mi dolor...!
¡Ábrase el cielo!
¡Desgájese la gloria en rayos de oro
sobre mi frente... y desdeñosa, altiva
de su mal sin consuelo
al celestial tesoro
el alma mía cerrará su puerta:
que ni aquí, ni allá arriba
en la región abierta
de la infinita bóveda estrellada,
nada hay más grande, nada:
más grande que el amor de mi hija viva,
más grande que el dolor de mi hija muerta!
El traductor. Desde la niñez, se inició Pérez Bonalde en el estudio de lenguas extranjeras. A lo largo de su existencia, llegó a tener un asombroso dominio del latín, del inglés, del francés, del alemán, del italiano y del Portugués.
Los idiomas le permitieron conocer directamente literaturas extranjeras. Este factor contribuyó a hacer de Pérez Bonalde un romántico superior en muchos aspectos a la mayoría de sus compañeros hispanoamericanos.
Gracias a sus excepcionales conocimientos del alemán, Pérez Bonalde realizó la mejor traducción (1885) de El Cancionero (1827), de Heine. Pero no sólo lo tradujo impecablemente, sino que logró una musicalidad igualada más tarde por dos grandes del Modernismo, el colombiano José Asunción Silva y el nicaragüense Rubén Darío. Sirvan como muestra de la versión de Pérez Bonalde, estos excelentes dodecasílabos del poema La Esfinge:
Estoy en la antigua floresta encantada,
los tilos esparcen su aroma sutil;
del astro nocturno la luz argentada,
con mágico hechizo se adueña de mí.
Avanzo en las sombras cm pie temerario,
y al punto en los aires resuena una voz;
la voz del alado cantor solitario
que canta las glorias y penas de Amor.
Las glorias y penas de Amor canta el ave:
las dulces sonrisas, el llanto de hiel,
tan triste es su queja, su trino tan suave,
que en mi alma despiertan los sueños de ayer.
Mi planta en las sombras, intrépida, avanza:
un claro del bosque se ofrece ante mí,
y en él un castillo gigante que lanza
sus torres aéreas al alto cenit...
Exito similar que con la traducción de El Cancionero, obtuvo Pérez Bonalde con la versión (1887) del célebre poema El Cuervo (1845), de Poe. No sólo conserva con extraordinaria fidelidad la atmósfera de misterio que va in crescendo en el poema de Poe, sino que reproduce en castellano el ritmo trocaico del original inglés.
Pérez Bonalde vertió al castellano otros poetas, entre los cuales, el inglés William Shakespeare, los alemanes Ludwig Uhland y Johan Gottfried Herder.
ANTOLOGIA DE VUELTA A LA PATRIA
Cuando Pérez Bonalde escribe Vuelta a la patria (1876), navega rumbo a Venezuela, tras seis años de ausencia. Santiago Key-Ayala ha imaginado la escena en la que el poeta compone su canto elegíaco:
Fue a bordo del barco en que Pérez Bonalde regresaba a la tierra nativa, rumbo a Puerto Cabello, donde nació la "Vuelta a la Patria". Nació, vio la luz. ¿Cuánto tiempo había estado en el alma del hijo infeliz, moviéndose hacia la luz por una gestación de sueño?
El poeta mismo responde a la pregunta:
Una línea indecisa
entre brumas y ondas se divisa.
.................................................
Va extendiéndose el cerro
y unas formas extrañas va tomando,
formas que he visto cuando
soñaba con la dicha en mi destierro.
Días y meses, el desterrado estuvo haciendo el viaje de vuelta a la patria y se vio llegar con el pecho henchido por la emoción del retorno, primero; después, henchidos los ojos por el resto de sus lágrimas. Ahora viaja en realidad hacia "la tierra amiga". Imagino la escena del alumbramiento: Pérez Bonalde está en el puente del barco sentado ante una mesita con aquel donaire señoril que los años acentuaron. Sobre la mesita, frente a él, un vaso y una botella de cerveza. Al lado, en una silla, un libro de versos o de viajes. A manera de marcador, un haz de cuartillas y un lápiz. Pérez Bonalde da la espalda al Norte, donde el frío "hiela los espacios y las almas". Mira hacia el Sur, adivinando, presintiendo la "tierra amiga". En la monotonía del aislamiento, la fantasía transpone la realidad circundante y navega por el mar de los sueños. El barco va hacia Puerto Cabello. El sueño hacia La Guaira. Triunfa el sueño.
A juzgar por estas noticias, Vuelta a la patria fue concebido a bordo del navío en el que Pérez Bonalde navega hacía las costas venezolanas tras seis años de ausencia. Dos sentimientos parecen dominarlo en aquellos instantes. Hay en él una alegría causada por su reencuentro con la tierra natal. Este puro e intenso alborozo está mediatizado, sin embargo, por una honda melancolía. El poeta sabe que no encontrará a su madre, fallecida mientras él se encontraba en el destierro. Siendo de signo contrario estos sentimientos, al conjugarlos dentro de un mismo poema, Pérez Bonalde debía evitar que se estorbasen. El poeta resolvió esta dificultad dividiendo su poema en dos partes. La primera responde en temas, tono, ritmo y ambiente a la euforia espiritual del regreso. La segunda está consagrada por entero al sentimiento elegíaco en el que los temas se interiorizan, el ritmo se torna lento y el lenguaje confidencial.
La primera parte, es descriptiva. El poeta reseña lo que va viendo y sintiendo a medida que el bajel se acerca a las playas, luego desembarca y toma el coche que lo conduce a Caracas. Culmina con la aparición, casi fantástica, de la ciudad natal que parece brotar de la nada, tras una vuelta del camino, con sus blancas torres, sus techos rojos, sus azules lomas.
Como es propio del alma romántica universal, estas descripciones del paisaje se relacionan de inmediato con los estados anímicos del poeta. En este caso, con escenas de la infancia, y éstas, con los días dichosos de una inocencia perdida. El goce de la llegada se reparte entre el deleite ante la luminosidad de la naturaleza tropical "son seis años de brumas y de cielos grises", la emoción romántica ante lo autóctono, ante la gente rústica y simple en estado de gracia natural, y hasta en el dulce son del idioma nativo.
Esta primera parte posee un ritmo ascendente, progresivo, que conduce a un momento crucial del poema. La patria es primero una línea indecisa que entre brumas y ondas se divisa. A medida que el barco se aproxima, la costa va dibujándose mejor hasta que lo borroso se hace nítido y se ven las riberas bordadas de palmeras. La impaciencia por llegar salta en el pecho del poeta y se traduce en oraciones de forma imperativa: ¡A tierra, a tierra, o la emoción me ahoga! ¡Boga, boga, remero! ¡En marcha, en marcha, postillón!
Cuando ya divisa a Caracas y el ritmo del desenfreno emocional llega a su punto culminante, se produce el choque del sueño contra la realidad. El poeta recuerda que no tiene hogar, o, más exactamente, hogar materno, y le pide al cochero que lo conduzca al cementerio, uno de los lugares favoritos de los románticos. Todo este recorrido vertiginoso que le ha permitido dar sus impresiones del regreso, todo este canto de alegría, se transforma súbitamente en un discurrir elegíaco, lento, intimista.
«¡Apura, apura, postillón! Agita
el látigo inclemente.
¡Al hogar, al hogar! que ya palpita por él
mi corazón ¡Mas no, detente!
¡Oh infinita aflicción! Oh desgraciado
de mí, que en mi soñar había olvidado
que ya no tengo hogar...Para cochero;
tomemos cada cual nuestro camino;
tú al techo lisonjero
do te aguarda la madre, el ser divino
que es la vida centro y alegría
y yo...¡yo al cementerio!,
donde tengo la mía...»
Comienza entonces la segunda parte dé Vuelta a la patria. La confidencia personal da una dimensión subjetiva. A través del monólogo, Pérez Bonalde le refiere a su madre la suerte que ha corrido desde el momento en que se separó de su regazo, como quien entrega cuenta de sus actos. El que habla sin esperanzas de respuesta, es un poeta aniñado, triste, escéptico, que retorna sin nada qué ofrecer, como no sea una flor amarilla del camino y el resto de llanto que le queda. Dos presentes románticos: el amor por la naturaleza y la manifestación viva del sentimiento. Reconfortado tras el desahogo, el espíritu del poeta cobra nuevos bríos. Cuando se marcha del cementerio lleva el alma en paz, y, como siempre, la frente erguida, resuelto a continuar luchando.
Los cantos de desterrados "como éste de Pérez Bonalde" fueron un género frecuente en la poesía romántica hispanoamericana y española. Con frecuencia, estos cantos iban unidos al tema político, en la medida que el desterrado padecía los rigores materiales y morales del ostracismo, protestaba contra los tiranos que arruinaban su patria y lo mantenían lejos de los suyos. Dentro de estos cantos figuran el Adiós a la patria, de Rafael Mª Baralt; La despedida de la patria, del colombiano José Eusebio Caro; La vuelta a la patria, del colombiano Miguel Antonio Caro; La vuelta al hogar, de José Joaquín Pérez. También el español Martínez de la Rosa tiene una composición sobre este género. Sin negarles calidades poéticas, ninguna de ellas supera la elegía de Pérez Bonalde.
«Caracas, allí está, vedla tendida
a las faldas del Avila empinado
Odalisca rendida
a los pies del Sultán enamorado»
El poeta de Caracas, Juan Antonio Pérez Bonalde.

jueves, 3 de octubre de 2013

Problema limítrofe con el Territorio de la Guayana Esequiba

Martes, 3 de Octubre de 1899)
Un Tribunal Arbitral reunido en París dictó el 3 de Octubre de 1899 la sentencia que legalizó el despojo de que fue objeto nuestra patria por parte de Inglaterra; la línea divisoria ya expandida línea Schomburgk de 1840 se añadió otro gran pedazo de 25.000 Kilómetros cuadrados para completar 159.500 Km² de usurpación.

Nuestra nación ha venido reclamando la pérdida de 159.500 km2 de territorios situados, entre nuestro límite actual en el Sureste y el río Esequibo.
Esos territorios nos fueron arrebatados por Inglaterra en el siglo XIX mediante diferentes maniobras legales y usando la fuerza.

Inglaterra fundó una colonia en lo que antes había sido una zona bajo dominio de Holanda y posteriormente fue ocupando nuestros territorios guayaneses del Sureste. Para ello enviaron exploradores y aventureros que pretendieron fijar un nuevo límite internacional. Un ejemplo de ello fue la línea trazada por Schomburgk que pretendía llevar la línea fronteriza hasta el propio río Orinoco.
Después de muchas negociaciones con Inglaterra, el gobierno de Venezuela aceptó que un Tribunal Internacional formado por árbitros de Inglaterra, el imperio de Rusia y de los Estados Unidos de América resolviera el asunto.

Los jueces venezolanos no tuvieron acceso al grupo de jueces representantes de las potencias nombradas que deliberó hasta llegar a dictar el tristemente célebre "Laudo Arbitral de París" de 1899.
Esa decisión tomada por esos jueces cercenó nuestro territorio nacional.

Años después nuestro país pudo saber con exactitud lo ocurrido y comenzó una nueva lucha ha contra esa injusticia.
El constante fracaso ha sido para nuestro país el resultado de todas sus negociaciones referentes a fronteras, este fracaso queda evidenciado, hasta matemáticamente al comparar la superficie de 1.200.000 kilómetros cuadrados que poseíamos inicialmente con los 912.050 de hoy día; el país ha perdido alrededor de 300.000 kilómetros cuadrados, es decir un quinto. Resulta doloroso darle una mirada al mapa de Codazzi del siglo XIX y al mismo tiempo ver el actual "recortado" por sus costados.

La pérdida de la Guayana Esequiba, que representaba alrededor de 159.500 kilómetros cuadrados, fue consecuencia de dos factores; el primero sin duda alguna fue la política imperial-colonialista de Inglaterra, que sin ningún miramiento comenzó durante el siglo XIX a ocupar el vasto territorio Guayanés, estableciendo colonos, marcas y banderas, apostaderos navales y de tropas terrestres, publicando mapas y cartas oficiales con el territorio incorporado, etc. Las protestas venezolanas, con irrefutables argumentos documentales, históricos y jurídicos, no detuvieron la terrofagia inglesa cuyo evidente objetivo era apoderarse de las bocas del Orinoco y reclamar el derecho a navegar libremente por el río para controlarlo comercial y militarmente.
El otro factor que determinó la pérdida definitiva del territorio fue la irresponsabilidad del Estado Venezolano y los grupos e individualidades dirigentes del país. Venezuela pasaba por todo un largo proceso de usurpación, terminando en el acto final que fue la decisión del tribunal arbitral de París, mientras los jueces de Gran Bretaña y la (extinta) Rusia Zarista se acordaban con el Juez norteamericano que nos representaba los Venezolanos nos matábamos, unos defendiendo al Presidente "constitucional" Ignacio Andrade y otros al caudillo Andino Cipriano Castro que avanzaba a conquistar a Caracas, capital de un país que esos mismos momentos perdía 159.500 Kilómetros cuadrados de su territorio.

EL LAUDO DE PARIS DEL 3 DE OCTUBRE DE 1899:
"Por cuanto el día dos de febrero de 1897 se celebró un Tratado de arbitraje entre los Estados Unidos de Venezuela y Su Majestad la Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, en los términos siguientes:

"Los Estados Unidos de Venezuela y su Majestad la Reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, deseando estipular el arreglo amistoso de la cuestión que se ha suscitado entre sus respectivos gobiernos acerca de límites de los Estados Unidos de Venezuela y la Colonia de la Guayana Británica, han resultado someter dicha cuestión a arbitramiento, y a fin de concluir con ese objeto, han elegido por sus respectivos Plenipotenciarios:
El Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, al señor José Andrade, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Venezuela en los Estados Unidos de América".

"Y su Majestad la Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda al muy honorable Sir Julián Pauncefote, Miembros del muy honorable Consejo Privado de su Majestad, Caballero Gran Cruz de San Miguel y San Jorge, y embajador extraordinario y Plenipotenciario de su Majestad en los Estados Unidos".
"Quienes habiéndose comunicado sus respectivos plenos poderes que fueron hallados en propia y debida forma, han acordado y concluido los artículos siguientes:

"Art. 1º: Se nombrará inmediatamente un Tribunal arbitral la línea divisoria entre los Estados Unidos de Venezuela y la Colonia de la Guayana Británica".
"Art. 2º: El Tribunal se compondrá de cinco Juristas: dos de parte de Venezuela, nombrados, uno por el Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, a saber, el Honorable Melville Weston Fuller, Justicia Mayor de los Estados Unidos de América a saber: el Honorable David Josiah-Brewer, Justicia de la Corte Suprema de los Estados Unidos de América, dos de parte de la Gran Bretaña nombrados por los miembros de la Comisión judicial del Consejo Privado de su Majestad, a saber, el Muy Honorable Orden del Baño y el Honorable Sir Richard Henn Collins, Caballero, uno de los Justicias de la Corte Suprema de judicatura de su Majestad y de un quinto jurista, que será elegido por las cuatro personas así nombradas, o, en el evento de no lograr ellas acordarse en la designación dentro de los tres meses contados desde la fecha de canje de las rectificaciones del presente Tratado, por su Majestad el Rey de Suecia y Noruega. El Jurista a quien se elija será el Presidente del Tribunal".

"Y por cuanto dichos Arbitros han empezado en debida forma el Arbitraje y han oído y considerado los argumentos orales y escritos de los abogados que respectivamente representan a los Estados Unidos de Venezuela y a su Majestad La Reina, y han examinado imparcial y cuidadosamente las cuestiones de la extensión de los territorios pertenecientes a las Provincias Unidas de los Países bajos o al Reino de España respectivamente, o que pudieran ser legítimamente reclamados por las unas y por el otro, al mismo tiempo de la adquisición de la Colonia de la Guayana Británica por la Gran Bretaña."
"Por tanto, nosotros los infraescritos Arbitrarios, por la presente otorgamos y publicamos nuestra decisión, determinación y fallo sobre las cuestiones que nos han sido sometidas por el referido Tratado de Arbitraje, finalmente decidimos, fallamos y determinamos, por la presente, que la línea de demarcación entre los Estados unidos de Venezuela y la Guayana Británica es como sigue:

Principiando en la costa ala Punta Playa la línea de demarcación correrá por la línea recta y la confluencia del Río Barima con el Río Mururuma, y continuará por el medio de la corriente de este río hasta su fuente, y de este punto a la unión del Río Haiowa con el Amacuro, y continuará por el medio de la corriente del Amacuro hasta sus fuentes en la Sierra Imataca, y de allí al Sudeste por las cimas más altas del espolón de la Sierra de Imataca, hasta el punto más elevado de la cordillera principal de dicha Sierra Imataca en frente de la Fuente del Barima, y de allá seguirá la cima de dicha cordillera principal, al Sudeste, hasta la fuente del Acarabisi, y de este punto, continuará por el medio de la corriente de este río hasta el Cuyuní y de allá correrá por la orilla septentrional del Río Cuyuní al Oeste hasta su confluencia con el Wenamy, y de este punto seguirá el medio de la corriente del Wenama basta su fuente más occidental, y de este punto por línea recta a la cumbre del Monte Roraima y del Monte Roraima a la fuente del Coringa, y continuará por el medio de la corriente de este río hasta su unión con el Takutu, y seguirá el medio de la corriente del Takuto hasta su fuente, de este punto por la línea recia al punto más occidental al de la sierra Akarai, y continuará por la cúspide de la Sierra Akarai, hasta la fuente del Corentín llamado Río Cutiri. Queda siempre entendido que la línea de demarcación establecida por este falto existe sin perjuicio y con reserva de cualquier cuestión que ahora exista o que ocurriese para determinación entre los Estados Unidos de Venezuela y la República del Brasil o entre esta República y el Gobierno de Su Majestad".
"Al fijar la mencionada línea de demarcación los Arbitros consideran y deciden que, en tiempo de paz, los Ríos Amacuro y Barima quedarán abiertos a la navegación de los buques de comercio de todas las Naciones salvo todo justo reglamento y el pago de derechos exigidos por la República de Venezuela y por el Gobierno de la Colonia de la Guayana Británica con respecto del tránsito de buques por las partes de dichos ríos que respectivamente les pertenecen, se fijen a la misma tasa para los buques de Venezuela y los de la Gran Bretaña, la cual no excederá a la que se exija de cualquier otra Nación: Queda también entendido que ningún derecho de aduana podrá ser exigido, ya por la República de Venezuela ya por la Colonia de Guayana Británica, con respecto de mercancías transportadas en los buques, navíos o botes pasando por dichos ríos; pero los derechos de aduana serán exigídoles solamente con respecto de las mercancías desembarcadas respectivamente en el territorio de Venezuela y en el de la Gran Bretaña".

"Hecho y publicado por duplicado por nosotros, en parís, hoy el día 3 de octubre de AD 1899 (L.S.) F. de Martens. (L.S.), Melville Weston Fuller, (L.S.), David J. Brewer".
RESULTADO DE LA REUNION CELEBRADA ENTRE VENEZUELA E INGLATERRA EN FEBRERO DE 1966 EN GINEBRA

El Gobierno de Venezuela y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte en consulta con el Gobierno de Guayana Británica.
Considerando:

La próxima Independencia de Guayana Británica;
Reconociendo:

Que una más estrecha cooperación entre Venezuela y Guayana Británica redundará en beneficio para ambos países.
Convencidos

de que cualquier controversia pendiente entre Venezuela por una parte, y Reino Unido y Guayana Británica por la otra, perjudicaría tal colaboración y debe, por consiguiente, ser amistosamente resuelta en forma que resulte aceptable para ambas partes; de conformidad con la Agenda que fue convenida para las conversaciones gubernamentales relativas a la controversia entro Venezuela y el Reino Unido sobre la frontera con Guayana Británica, según el Comunicado Conjunto del 7 de noviembre de 1963, han llegado al siguiente Acuerdo para resolver la presente controversia:
ARTICULO I
Se establece una Comisión Mixta con el encargo de buscar soluciones satisfactorias para el arreglo práctico de la controversia entre Venezuela y el Reino Unido surgida como consecuencia de que el Laudo arbitral de 1899 sobre la frontera entre Venezuela y Guayana Británica es NULO.
ARTICULO II
Dentro de dos meses contados a partir de la entrada en vigor de este Acuerdo serán nombrados dos Representantes para que formen parte de la Comisión Mixta por los gobiernos de Venezuela y Guayana Británica. Estos pueden ser reemplazados por incapacidad para actuar, bien sea por muerte, enfermedad, etc. Pueden designar expertos para que colaboren con ellos si lo creen conveniente.
ARTICULO III
La Comisión Mixta presentará informes parciales a intervalos de seis (6) meses.
ARTICULO IV
Si dentro de un plazo de cuatro (4) años la Comisión Mixta no hubiera llegado a un acuerdo completo para la solución de la controversia se lo referirá al Gobierno de Venezuela y al Gobierno de Guayana en su informe final. Dichos gobiernos escogerán uno de los medios pacíficos previstos en el Artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas. Si dentro de tres (3) meses los Gobiernos de Venezuela y Guayana no hubiesen llegado a un acuerdo lo referirán al órgano internacional apropiado y si no al Secretario de las Naciones Unidas. Estos escogerán otros de los medios de solución previsto en dicha carta y así sucesivamente hasta solucionar la controversia o haber quedado agotados todos los medios de soluciones pacíficas.
ARTICULO V
Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamentos para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial de los Territorios de Venezuela o Guayana Británica ni para crear derechos de soberanía en dichos territorios excepto cuando sea un convenio logrado por la Comisión Mixta y aceptado por escrito por el Gobierno de Venezuela y la Guayana Británica.
ARTICULO VI
La Comisión Mixta celebrará su primera reunión en la fecha y lugar acordados entre los Gobiernos de Venezuela y Guayana Británica.
ARTICULO VII
Este Acuerdo entrará en vigencia en la fecha de su firma.
ARTICULO VIII
Al obtener Guayana Británica su independencia, el Gobierno de Guayana será en adelante parte del presente Acuerdo, además del Gobierno de Venezuela y del Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.
En testimonios de lo anterior, los suscritos, debidamente autorizados para ello por sus respectivos Gobiernos, han firmado el presente Acuerdo hecho en duplicado, en Ginebra el 16 de febrero de 1.966, en español e inglés, siendo ambos textos igualmente autenticados.

Por el Gobierno de Venezuela: (Fdo.) Ignacio Iribarren Borges, Ministro de Relaciones Exteriores.
Por el Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte: (Fdo.) Michael Stewart. Secretario de Estado de Relaciones Exteriores.

(Fdo.) Forbes Burnham. Primer Ministro de la Guayana Británica.
PROTOCOLO DE PUERTO ESPAÑA

El Gobierno de Venezuela, el Gobierno de Guyana y el Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña o Irlanda del Norte.
Habiendo recibido en esta fecha el Informe Final, fechado el dieciocho (18) de junio de 1970, de la Comisión Mixta establecida por el Acuerdo cercado entre el Gobierno de Venezuela, y el Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, en consulta con el Gobierno de Guayana Británica, en Ginebra, el 17 de febrero de 1966, al cual se hace referencia en este Documento con el nombre de Acuerdo de Ginebra.
Convencidos de que la promoción de la confianza y de un intercambio positivo y amistoso entre Venezuela y Guyana llegará a un mejoramiento de sus relaciones, como corresponde a naciones vecinas y amantes de la paz, han convenido en lo siguiente:

ARTICULO I
Mientras el presente Protocolo permanezca en vigor, el Gobierno de Venezuela y el Gobierno de Guyana, con sujeción a las disposiciones que siguen, explorarán todas las posibilidades de mejorar el entendimiento entre ellos y entre sus pueblos y en particular de promover su mejoramiento y con el objeto de producir un adelanto constructivo de las mismas.

ARTICULO II
1) Mientras este Protocolo Permanezca en vigencia, no se hará valer ninguna reclamación que surja de la contención a que se refiere al Artículo I del Acuerdo de Ginebra, ni por parte de Venezuela a soberanía territorial de Guyana, ni por parte de Guyana a soberanía territorial en los territorios de Venezuela.

2) En este Artículo, las referencias a los territorios de Venezuela y a los territorios de Guyana tendrán el mismo significado que las referencias a los territorios de Venezuela y a los territorios de Guayana Británica, respectivamente, en el Acuerdo de Ginebra,
ARTICULO III

Mientras el presente Protocolo permanezca en vigor, se suspenderá el funcionamiento del Artículo IV del Acuerdo de Ginebra. En la fecha en que este Protocolo deje de tener vigencia, el funcionamiento de dicho Artículo se reanudará en el punto en que ha sido suspendido, es decir, como si el Informe Final de la Comisión Mixta hubiera sido presentado en esa fecha, a menos que el gobierno de Venezuela y el Gobierno de Guyana hayan antes declarado conjuntamente por escrito que han llegado a un acuerdo completo para la solución de la controversia a la que se refiere el Acuerdo de Ginebra o que han convenido en uno de los medios de arreglo pacíficos previstos en el Artículo 33 de las Cartas de la Naciones Unidas.
ARTICULO IV

1) Mientras el presente, protocolo permanezca en vigor, el artículo V del acuerdo de Ginebra (sin perjuicio de su aplicación ulterior después de que el presente protocolo deje de estar en vigencia) tendrá efecto en relación con el presente Protocolo en la misma forma en que lo tiene en relación con aquel acuerdo, sustituyéndose las palabras "Guayana Británica", donde quiera que aparezcan en dicho artículo, por la palabra "Guyana" y suprimiéndose en el párrafo 2) de dicho artículo, las siguientes frases:
a) ", excepto en cuanto tales actos o actividades sean resultado de cualquier convenio logrado por la Comisión Mixta y aceptado por escrito por el Gobierno de Venezuela y el Gobierno de Guyana ", y

b) ", ni se hará valer reclamación alguna sino en la Comisión Mixta mientras tal comisión exista".
2) La celebración y la vigencia del presente Protocolo no podrán interpretarse en ningún caso como renuncia o disminución de derecho alguno que cualquiera de las partes pueda tener para la fecha de la firma del mismo, ni como reconocimiento de ninguna situación, uso o pretensión que puedan existir para esa fecha.

ARTICULO V
1) El presente Protocolo permanecerá en vigor durante un período inicial de doce años, renovable con sujeción a los dispuestos en este Artículo, por períodos sucesivos de doce años cada uno.

2) Antes de la determinación del período inicial o de cualquier período de renovación, el Gobierno de Venezuela y el Gobierno de Guyana podrán decidir por acuerdo escrito que, a partir de la terminación del Período de que se trate, el Protocolo continúe en vigor por períodos sucesivos de renovación menores de doce años cada uno, pero no inferiores a cinco años.
3) El presente Protocolo podrá ser terminado al finalizar el período inicial o cualquier período de renovación si, con seis meses por lo menos de anticipación a la fecha en la cual haya de terminar, el Gobierno de Venezuela o el Gobierno de Guyana hace llegar a los demás Gobiernos partes en este Protocolo una notificación escrita a tal efecto.

4) A menos que sea terminado de conformidad con el Parágrafo 3) del presente Artículo, este protocolo se considerará renovado al final del período inicial o al final de cualquier período de renovación, según el caso, de conformidad con las disposiciones del presente Artículo.
ARTICULO VI

El presente Protocolo al Acuerdo de Ginebra se conocerá como "Protocolo de Puerto España", y entrará en vigor en la fecha de su firma.
En fe de lo cual, los suscritos, debidamente autorizados a tal fin por sus respectivos Gobiernos, firman el presente protocolo.

Hecho en triplicado en Puerto España, Trinidad y Tobago, a los dieciocho (18) días de junio de 1970 en español y en inglés. Ambos textos tienen igual valor.
Por el Gobierno de Venezuela,
Ministro de Relaciones Exteriores
Por el Gobierno de Guyana,
Ministro de Estado,
Por el Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Alto Comisionado del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte en Trinidad y Tobago.
EL MEMORÁNDUM DE SEVERO MALLET-PREVOST:

"MEMORÁNDUM DEJADO AL JUEZ SHOENRICH, PARA NO SER PUBLICADO SINO A SU JUICIO, DESPUES DE MI MUERTE".
"El magistrado Brewer y yo nos embarcamos para Europa en enero de 1899 para asistir a la primera sesión del tribunal arbitral, que debía reunirse en París con el objeto de determinar la frontera entro Venezuela y la Guayana Británica. Los términos del Protocolo (firmado entre Gran Bretaña y Venezuela) exigían la reunión del tribunal en esa oportunidad. Sin embargo, como esta fecha resultaba incómoda para todos los que tenían que intervenir en el arbitraje, se decidió celebrar una simple sesión preliminar, para cumplir con los términos de Protocolo y levantar las sesiones para reanudarlas en fecha más apropiada".

"Antes de ir a París, el juez Brewer y yo nos detuvimos en Londres, y estando allí el Señor Henry White, encargado de negocios de los Estados Unidos, nos ofreció una pequeña comida a la cual fue invitado el Lord Justicia Mayor Russel. Me correspondió sentarme junto a Lord Russel, y en el curso de la conversación me aventuré a expresar que las decisiones de los arbitrajes internacionales deberían fundarse exclusivamente en consideraciones legales. Lord Russel respondió inmediatamente: "Estoy enteramente en desacuerdo con usted estimo que los arbitrajes internacionales deberían ser conducidos por vías más amplias y tomar en consideración cuestiones de política internacional". Desde aquel momento comprendí que no podíamos contar con Lord Russel para decidir la cuestión fronteriza sobre la base de estricto derecho.
"Cuando nos reunimos en París el 1º de junio siguiente conocía Lord Collins. Durante los discursos del Procurador General Sir Richard Webster y mío (los cuales duraron 26 días), apareció claramente que Lord Collins estaba sinceramente interesado en darse cuenta completa de todos los hechos del caso y en determinar la ley a estos aplicables. Lord Collins, por supuesto, no dio indicación acerca de cómo votaría en la cuestión; pero toda su actitud y las numerosas preguntas que formuló eran críticas de las pretensiones británicas y daban la impresión que se iba inclinando hacia el lado de Venezuela".

"Después de que Sir Richard Webster y yo concluíamos nuestros discursos, el Tribunal suspendió sus sesiones para una corta vacación de dos semanas. Los dos árbitros británicos regresaron a Inglaterra y llevaron consigo al señor Martens".
"Cuando entré al departamento en donde me esperaban los árbitros americanos, el juez Brewer se levantó y dijo muy excitado:

"Mallett-Prevost, es inútil continuar por más tiempo esta farsa pretendiendo que nosotros somos jueces y usted abogado. El Magistrado Fuller y yo hemos decidido revelarle confidencialmente lo que acababa de pasar. Martens ha venido a vernos y nos informa que Russell y Collins están dispuestos a decidir en favor de la línea Schomburgk, que, partiendo de Punta Barima en la Costa, daría a la Gran Bretaña el control de la boca principal del Orinoco; y, que si nosotros insistimos en comenzar la línea partiendo de la costa en el río Moroco, él se pondría del lado de los británicos y aprobará la línea Schomburgk como la verdadera frontera ". Sin embargo añadió, él, Martens, estaba ansioso de lograr una sentencia unánime, y si aceptáramos la línea que él propone, el obtendría la aquiescencia de Lord Russel y Lord Collins a fin de llegar a una decisión unánime. Lo que Martens proponía era que la línea de la costa comenzara a cierta distancia al sudeste de Punta Barima, de modo de dar a Venezuela el control de la Boca del Orinoco, y cerca de 5.000 millas cuadradas de territorio alrededor de esa boca.
"Esto es lo que Martens ha propuesto. El Magistrado Fuller y yo somos de opinión que la frontera en la costa debería indicarse en el río Moroco. Lo que tenemos que decidir es si aceptamos la proposición de Martens o suscribimos una opinión disidente".

"En estas, circunstancias, el Magistrado Fuller y yo hemos decidido consultar con usted y ahora quiero hacerle saber que estamos dispuestos a seguir uno u otro camino, según lo que usted desee que se haga". Por lo que acababa de expresar el magistrado Brewer y por el cambio que todos habíamos observado en Lord Collins me convencí entonces, y sigo creyendo, que durante la visita de Martens a Inglaterra para decidir la cuestión en los términos sugeridos por Martens y que se había hecho presión, de un modo u otro, sobre Collins, a fin de que siguiera aquel camino. Naturalmente, me di cuenta de que yo solo no podía asumir la enorme responsabilidad de la decisión que se me exigía. Así lo hice ver a los dos árbitros y les pedí autorización para consultar al General Harrison. Al obtenerla fui a su apartamento para tratarle el asunto".
"Cuando revelé al General Harrison lo que acababa de pasar éste se levantó indignado, y caminando de un lado a otro, calificó la conducta de Gran Bretaña y Rusia en términos que es para mí inútil repetir. Su primera reacción fue la de pedir a Fuller y a Brewer que presentaran una opinión disidente, pero cuando se calmó y estudió el asunto desde un punto de vista práctico, me dijo: "Mallet-Prevost, si algún día se supiera que estuvo en nuestras manos conservar la desembocadura del Orinoco para Venezuela y que no lo hicimos, nunca se nos perdonaría. Lo que Martens propone es inícuo, pero no veo como Fuller y Brewer pueden hacer otra cosa que aceptar".

"Estuve de acuerdo con el general Harrison y así se lo hice saber a los Magistrados Fuller y Brewer. La decisión del Tribunal fue, en consecuencia, unánime; pero, si bien es cierto que dio a Venezuela el sector en litigio más importante desde un punto de vista estratégico, fue injusta para Venezuela y la despojó de un territorio muy extenso e importante, sobre el cual la Gran Bretaña no tenían en mi opinión, la menor sombra de derecho".
"Lo anterior ha sido dictado por mí y el 8 de febrero de 1944 ". "Otto Schoenrich. Miembro de la firma Curtis, Malletv-Prevost, Colt y Mosle de Nueva York."

(Fuente: Antonio de Pedro Fernández. "La Guayana Esequiba ", Edime. Madrid. Caracas, 1969. Página 271 y siguientes.)

Batalla de las Trincheras

(Domingo, 3 de Octubre de 1813)
Al amanecer del 3 de octubre de 1813, Luciano D'Elhuyar, con mil hombres, derrota en las Trincheras a más de dos mil soldados realistas «La Vanguardia formábanla voluntarios neogrenadinos ansiosos de vengar la muerte de Girardot». Los patriotas, una vez que hubieron ganado el propio terreno realista persiguieron al enemigo. Monteverde se encerró, herido, en Puerto Cabello, donde perdería el mando. Los patriotas continuaron el cerco.
Monteverde estaba esperando el resultado de la acción en Las Trincheras; pero lo que allí le llegó fue el ejército republicano que le propinó otra derrota.
Pero esta vez quedó muy mal parado el jefe realista, ya que de una bala le destrozaron la quijada. Perdió el prestigio entre sus oficiales y fue depuesto del mando. Al poco tiempo se marcharía para Curazao.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Atanasio Girardot

(Jueves, 30 de Septiembre de 1813)
Atanasio Girardot
El 30 de septiembre de 1813 Monteverde cae en la trampa que le armó Bolívar, al retirar éste las tropas que tenían sitiado al jefe realista en Puerto Cabello.
Monteverde se abrió hacia la montaña, y ya en la altura de Bárbula, donde situó 500 hombres, fue atacado por tres columnas patriotas mandadas respectivamente por Atanasio Girardot, Rafael Urdaneta y Luciano D'Elhuyar, causando verdadero estrago a las huestes españolas.
Sin embargo, éste fue un día fatal para la República, por la muerte de Girardot, justamente cuando éste clavaba la bandera en la altura de Bárbula.
Atanasio Girardot nació en Medellín, Colombia en el año de 1791 y muere el cerro de Bárbula el 30 de septiembre de 1813. Se incorporó a la lucha independentista en su región natal y se distinguió en la liberación de Popayán al vencer al realista Tacón.
Girardot se unió a Bolívar en la Campaña Admirable y combatió con honor y gallardía en Trujillo, Mérida y Caracas. El corazón del mártir granadino, para el que Simón Bolívar decretó honores especiales, fue colocado en una urna y enterrado en Caracas en medio de la expectación y reverencia del pueblo. El Libertador designó con el nombre del héroe el batallón en que éste había servido.
LEY DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA
Para honrar la memoria del Coronel Atanasio Girardot (1813)
"El coronel Atanasio Girardot ha muerto en este día en el campo de honor...
Las Repúblicas de la Nueva Granada y Venezuela le deben en gran parte la gloria que cubre sus armas, y la libertad de nuestro suelo. Vencedor en Palacé de un tirano formidable llevó por la primera vez el estandarte de la Independencia bajo las órdenes del general Baraya, a la oprimida Popayán. Las circunstancias extraordinarias de esta batalla memorable, la harán interesante, no sólo al mundo americano, sino a los guerreros valientes de todas las partes de la tierra.
El joven Girardot osó aguardar el ejército enemigo en número de dos mil hombres con setenta y cinco soldados en el puente del río Palacé. Tacón, el tirano de Popayán, no dudaba subrayar con aquellas fuerzas el extenso país de la Nueva Granada: destinó setecientos hombres para desalojar los defensores del puente; pero el nuevo Leónidas resolvió perecer antes con sus dignos soldados, que ceder un punto al poder del enemigo. La fortuna preservó su suerte de la desgracia de sus soldados que fueron todos muertos o heridos, y la victoria más completa premió su esforzado valor y virtud. Más de doscientos cadáveres regaron con su sangre aquel camino célebre para consagrar en caracteres terribles un monumento propio al genio guerrero del héroe. Hasta entonces la Nueva Granada no había visto un peligro mayor para su libertad recientemente adquirida, y las consecuencias del triunfo de Girardot salvaron a un tiempo a su patria de la esclavitud y del exterminio con que la amenazaba el tirano.
En la actual campaña de Venezuela, la audacia y el talento militar de Girardot han unido constantemente la victoria a las banderas que mandaba. Las provincias de Trujillo, Mérida, Barinas y Caracas, que perecían bajo el cuchillo o gemían en las cadenas, respiran libres y aseguradas por los esfuerzos con que él ha cooperado bajo las órdenes de los Jefes de la Unión. Le han visto buscar en estos campos a los ejércitos opresores, vencerlos intrépidamente, desafiando a la muerte por libertar a Venezuela. Hoy volaba a sacrificarse por ella sobre las cumbres de Bárbula, y al momento que consiguió el triunfo más decidido, terminó gloriosamente su carrera.
Siendo por lo tanto el coronel Atanasio Girardot, a quien muy principalmente debe la República de Venezuela su restablecimiento, y la Nueva Granada las victorias más importantes; por lo tanto, para consignar en los anales de la América la gratitud del pueblo venezolano a uno de sus libertadores, he resuelto y resuelvo lo siguiente:
1.- El día 30 de setiembre será un día aciago para la República, a pesar de las glorias de que se han cubierto sus armas en este mismo día, y se hará siempre un aniversario fúnebre, que será un día de luto para todos los venezolanos.
2.- Todos los ciudadanos de Venezuela llevarán un mes consecutivo de luto por la muerte del coronel Girardot.
3.- Su corazón será llevado en triunfo a la capital de Caracas, donde se le hará recepción de los libertadores y se depositará en un mausoleo que se erigirá en la Catedral Metropolitana.
4.- Sus huesos serán transportados a su país nativo, la ciudad de Antioquía en la Nueva Granada.
5.- El cuarto batallón de línea, instrumento de sus glorias, se titulará en lo futuro el Batallón de Girardot.
6.- El nombre de este benemérito ciudadano, se inscribirá en todos los registros públicos de las Municipalidades de Venezuela, como el primer bienhechor de la patria.
7.- La familia de Girardot disfrutará por toda su posteridad de los sueldos que gozaba este mártir de la libertad de Venezuela, y de las demás gracias y preeminencias que debe exigir del reconocimiento de el Gobierno.
8.- Se tendrá ésta por una ley general, que se cumplirá inviolablemente en todas las provincias de Venezuela.
9.- Se imprimirá, publicará y circulará para que llegue al conocimiento de todos sus habitantes.
Dada en el Cuartel General de Valencia, a treinta de setiembre de mil ochocientos y trece años, tercero de la Independencia y primero de la guerra a muerte; firmada de mi mano, sellada con el sello provisional de la República y refrendada por el Secretario de Estado"
Simón Bolívar.

jueves, 26 de septiembre de 2013

La Compañía Guipuzcoana

(Sábado, 25 de Septiembre de 1728)
La Compañía Guipuzcoana
La Real Compañía Guipuzcoana fue una empresa comercial constituida el 25 de septiembre de 1728, con el objeto de monopolizar el comercio de la provincia de Caracas con España. Operó en Venezuela desde 1730 hasta 1785, es decir, durante más de cincuenta años del siglo XVIII; y tuvo gran influencia en el desarrollo económico, social y político de la colonia. Fue una empresa a base de acciones, cubiertas por capitalistas vascos, principalmente de la provincia de Guipúzcoa, en el norte de España. El Rey tuvo una considerable participación en el negocio, pues recibió de los empresarios 200.000 pesos en acciones. Esta circunstancia dio a la Compañía Guipuzcoana carácter oficial. De allí su denominación de Real Compañía.
ANTECEDENTES
Antes de la Guipuzcoana otras empresas habían intervenido, a comienzos del siglo XVIII, en el comercio de las provincias venezolanas. Primero fue la Real Compañía de Guinea, empresa comercial de origen francés, que obtuvo licencia del Rey de España para vender esclavos en las colonias. Luego operó la Real Compañía Inglesa de los Mares del Sur, constituida en 1712, a raíz de la Paz de Utrecht. Esta empresa obtuvo el asiento por treinta años, durante los cuales debía abastecer de esclavos a las colonias españolas.
Pero estas empresas extranjeras, en especial la compañía inglesa, aprovechaban el asiento para hacer comercio de contrabando, en perjuicio de los intereses económicos del gobierno metropolitano. Como consecuencia, el contrabando aumentó en forma alarmante en las primeras décadas del siglo XVIII. Era preciso, pues, combatirlo y asegurar al Rey los beneficios del comercio con sus colonias. Estas circunstancias determinaron la creación de la Real Compañía Guipuzcoana, cuyas bases, establecidas en el contrato de 1728, fueron las siguientes:
1. El Rey concedía a la empresa el monopolio comercial con la provincia de Caracas. En tal virtud, era la única que podía vender en la provincia toda clase de mercancías importadas; así como también comprar los frutos del país y llevarlos a España en las cantidades necesarias al consumo de la metrópoli. Los barcos de la empresa podían salir directamente de los puertos de Guipúzcoa y llegar a La Guaira y Puerto Cabello. Una vez abastecida la provincia de Caracas, la empresa podía vender y comprar en las provincias de Cumaná, Margarita y Trinidad.
2. La Guipuzcoana debía vigilar las costas y perseguir el contrabando, desde las bocas del Orinoco hasta Río Hacha. Sus barcos, debidamente armados, recorrerían las costas. Sus capitanes recibieron patentes de corso, esto es, autorización para apresar las naves contrabandistas y confiscar sus mercancías. Además, la empresa debía mantener varias embarcaciones pequeñas y quinientos hombres para el servicio de guardacostas en el litoral.
El Rey garantizó a la Guipuzcoana que ninguna otra persona o empresa recibiría permiso para intervenir en este comercio. Se declaró la protección del Rey a la empresa y se despacharon instrucciones a las autoridades coloniales para que se le dispensara toda clase de facilidades. Por último, el Gobernador de la provincia de Caracas fue nombrado Juez Conservador de la Compañía. De esta manera fue consagrado el carácter oficial de la empresa, en cuyas manos quedó el control económico de las provincias.
ACTUACION DE LA COMPAÑIA GUIPUZCOANA
Las operaciones de la Guipuzcoana se iniciaron a mediados de 1730, fecha en que llegaron a La Guaira los dos primeros barcos de la Compañía. Los resultados de su actividad fueron plenamente satisfactorios, y puede decirse que los, empresarios lograron los objetivos que se habían propuesto al constituir la empresa:
Primero: Aseguraron el comercio con las provincias venezolanas, que antes beneficiaba en gran parte a los contrabandistas extranjeros.
Segundo: Aseguraron el envío de frutos a España, regularizando y aumentando los embarques de cacao y tabaco, principalmente, y de esta manera pudieron rebajar los precios de dichos frutos en la Península.
Tercero: Consiguieron frenar y disminuir el contrabando, persiguiendo y hostilizando a los ingleses, holandeses y demás extranjeros que venían ejerciendo ilegalmente gran parte del comercio de la colonia.
OPSICION A LA COMPAÑIA GUIPUZCOANA

El establecimiento de la Guipuzcoana significó un cambio profundo en el sistema de comercio tradicional de las provincias venezolanas. Era la única empresa que podía vender mercancías europeas en el país, y la única también que podía comprar los frutos que se exportaban a España. De consiguiente, los precios de las mercancías importadas y de los frutos, dependían ahora de la empresa, la cuál los fijaba de acuerdo a sus conveniencias, en perjuicio de los consumidores y de los productores locales. Estos no podían comprar ni vender libremente, sino a la empresa, a los precios que ésta fijaba. Además, la compañía estaba en condiciones de castigar cualquier violación. Todo esto explica la oposición que ciertos sectores coloniales hicieron a la compañía. Al principio fue una oposición sorda, legal, pacífica. Más tarde llegó a ser oposición violenta.
OPOSICION DE LOS HACENDADOS Y DE LOS MERCADERES

Los primeros, que se consideraron afectados por el monopolio de la Guipuzcoana, fueron los hacendados y los mercaderes venezolanos. Y comenzaron a oponerse a través del Cabildo, organismo municipal integrado por representantes de dichos sectores. El Cabildo de Caracas se quejaba de que se hubiera establecido el monopolio sin habérsele consultado, o por lo menos dado alguna participación en un negocio de tanta importancia. Los hacendados ya no podían vender sus frutos al mejor postor, sino a la empresa; tampoco podían utilizar las naves de la compañía para enviar directamente sus frutos a España, pues la empresa se negaba a ello.
En relación con esto último surgió una larga disputa entre los hacendados y mercaderes, por una parte, y la Guipuzcoana por la otra. Los primeros querían que la compañía les permitiera utilizar una tercera parte de la capacidad de sus barcos para ellos enviar directamente sus frutos a España. Alegaban que durante muchos años fue costumbre repartir así las bodegas de los buques que llegaban a los puertos venezolanos, y que la empresa debía respetar esa costumbre. Pero la Guipuzcoana se negó repetidas veces a aceptar tal cosa, y las autoridades decidieron siempre la cuestión a favor de la empresa.
También hubo choques entre la compañía y los hacendados en relación con el comercio con México. Este comercio había estado siempre en manos de los hacendados y mercaderes venezolanos, quienes poseían sus propios barcos para este tráfico. El volumen de cacao que se exportaba a México, era, además, mayor que el que se enviaba a España. Por tales motivos, la Guipuzcoana se propuso apoderarse también del comercio con México. Pero no tuvo éxito en sus intentos, pues los hacendados y mercaderes se opusieron resueltamente y lograron que el Rey no accediera a las aspiraciones de la compañía.
OPOSICION DE LOS CONTRABANDISTAS
Las actividades de la Guipuzcoana afectaban directamente a los contrabandistas, sobre todo a los asentistas ingleses. Los barcos de la compañía inglesa que atracaban en los puertos venezolanos para vender esclavos, eran inspeccionados por la Guipuzcoana, que enviaba sus funcionarios a bordo, con órdenes de confiscar toda mercancía que no fuera esclavos. Esta actitud provocó las protestas de la compañía inglesa ante el gobierno español, pues consideraba que la práctica de inspeccionar sus barcos era una violación del convenio suscrito entre España e Inglaterra en 1713. Pero la Guipuzcoana continuó hostilizando a los barcos ingleses, vigilando de cerca las operaciones que realizaban en Venezuela e impidiéndoles todo intento de comercio ilegal. Esta actitud provocó la enemistad de los contrabandistas, quienes en varias oportunidades fomentaron el descontento contra la Compañía y ayudaron económica y militarmente los movimientos que se produjeron contra ella.
OPOSICION DE OTROS SECTORES
El sector más numeroso de los pequeños agricultores y comerciantes se vio también afectado por la Compañía, pues estos grupos eran los más ligados al comercio de contrabando y la Compañía venía a entorpecerle. La empresa se hizo particularmente odiosa, porque trataba de controlar el gobierno de la colonia y ponía al frente de los cargos a elementos de su confianza.
El descontento contra la Guipuzcoana estalló en varias revueltas, entre las cuales fueron las más importantes: 1) la que encabezó Andrés López del Rosario, más conocido como "Andresote", y 2) la que acaudilló Juan Francisco de León.
LA REBELION DE ANDRESOTE
Ocurrió entre 1732 y 1735, en la región del río Yaracuy y las tierras vecinas hasta el mar, zona que se había convertido en centro importante del contrabando que hacían los holandeses desde Curazao. El zambo Andresote, nativo de Valencia, se convirtió en jefe de numerosos esclavos y negros libres de la región, estableció su control en aquellas tierras y protegía el contrabando con los holandeses.
El gobernador de la provincia, bajo la presión de la Guipuzcoana, envió tropas contra Andresote, para reducirlo y acabar con el contrabando en la zona. Pero Andresote mantuvo en jaque, por varios meses, a las fuerzas del gobierno y destruyó en repetidas oportunidades las tropas enviadas contra él. En 1734, destruyó casi en su totalidad una fuerza de más de 300 soldados enviados para combatirlo. El gobierno se vio en la necesidad de organizar una expedición más numerosa, de 1.500 hombres, y después de varios meses consiguieron disolver las partidas de Andresote y apresar numerosos partidarios suyos, principalmente indios, mulatos, negros, muchos de los cuales fueron condenados a pena de muerte. No pudieron, en cambio, apoderarse de Andresote, quien gracias a la ayuda de los contrabandistas, pudo escapar a Curazao.
La rebelión de Andresote logró mantenerse tanto tiempo, gracias al apoyo que recibió de numerosos sectores enemigos de la Guipuzcoana. En primer lugar, los pueblos vecinos, cuyos habitantes colaboraban con los alzados, dándoles provisiones e informándolos a tiempo de los movimientos de las tropas del gobierno. En segundo lugar, los hacendados de la región, muchos de los cuales aparecieron comprometidos, pues tenían interés en hacer fracasar a la Guipuzcoana en su intento de controlar el comercio. En tercer lugar, los contrabandistas, quienes habían actuado hasta entonces con gran libertad en la zona y ahora tenían que enfrentarse a la empresa que se constituía para combatirlos. Los contrabandistas proporcionaron a Andresote y sus hombres armas, municiones y pertrechos para que lucharan contra el gobierno.
LA REBELION DE JUAN FRANCISCO DE LEON
Origen de la revuelta: La rebelión de Juan Francisco de León contra la Guipuzcoana se produjo entre 1749 y 1752, en los valles de Panaquire y Caucagua (Barlovento), y de allí se extendió a los valles de Tuy, y otras regiones de la provincia de Caracas. El canario Juan Francisco de León era Teniente Cabo de Guerra y Juez de Comisos de Panaquire. El factor de la Guipuzcoana denunció ante el gobernador Luis Francisco Castellanos, el hecho de que en los valles de Panaquire y Caucagua, importante zona cocotera, se estaba practicando descaradamente el contrabando con los holandeses.
En virtud de la denuncia, el gobernador designó a uno de los empleados de la Compañía para sustituir a León; pero éste se negó a entregarle el cargo y, por el contrario, le ordenó salir de Panaquire. Enterado el gobernador del incidente, ordenó a León reconocer al nuevo funcionario; pero el isleño contestó que no entregaría el cargo a ningún empleado de la Guipuzcoana. De esa manera se inició la revuelta contra la Compañía.
Desarrollo de la revuelta: Alrededor de León se fueron uniendo numerosos vecinos de la región, quienes lo instaban a mantener su posición y a protestar contra la Guipuzcoana. Alentado por este apoyo, León se dirigió a Caracas, seguido por centenares de personas que se le sumaron en los pueblos por donde pasaba, para plantear directamente al gobernador las quejas contra el monopolio vasco.
El 20 de abril de 1749, León entró con su gente a Caracas, y públicamente se entrevistó con el gobernador. Le expuso el descontento de los vecinos y le pidió la expulsión de la Compañía. Varios escritos de protesta presentó León al gobernador, y solicitó además la reunión del Cabildo y de los vecinos más notables de la ciudad, para que libremente dijeran si la Compañía había sido beneficiosa o perjudicial en los dieciocho años que llevaba en el país. Con esta convocatoria, León trataba de comprometer públicamente a los sectores que hasta entonces lo venían apoyando, darle más fuerza a sus demandas, y, sobre todo, presentar el movimiento como resultado de la aspiración justa de los vecinos y no como acto de rebeldía individual de su parte.
La junta general de los vecinos fue convocada. Asistieron los miembros del Cabildo y un numeroso grupo de terratenientes, dueños de haciendas. Esta junta general acordó lo siguiente:
1) La Compañía era responsable de la escasez y elevado precio de los artículos de importación.
2) La Compañía era responsable de haber rebajado los precios de los frutos, principalmente del cacao, cuyo precio, en los años de actuación de la empresa, había caído de 20 a 8 pesos la fanega. Estos cargos contra la Compañía significaban que su actuación había sido perjudicial a los intereses de la provincia, y, en consecuencia, se pedía su expulsión.
No sólo Juan Francisco de León pedía la expulsión de la empresa. También se pronunciaban contra ella el Cabildo, la nobleza, el claustro universitario y los más diversos sectores de la sociedad colonial. Ante esta situación, el gobernador optó por declarar la expulsión de la Compañía; pero al mismo tiempo, incapaz de enfrentar los hechos, huyó a La Guaira y se llevó consigo a otros funcionarios. Este comportamiento del gobernador dio origen a una larga disputa entre él y el Cabildo de Caracas. Ambas partes se achacaban responsabilidad en los disturbios ocurridos, y enviaban emisarios con la versión de los hechos, a las autoridades coloniales de Las Antillas y de España.
Después de varios meses, el Rey destituyó al Gobernador Castellanos y nombró en su lugar a Julián de Arriaga, quien llegó a La Guaira a fines de 1749, con el encargo de resolver el problema suscitado en la provincia.
Actuación del Gobernador Arriaga: El nuevo gobernador comprendió que la protesta contra la Compañía era unánime y no convenía tomar medidas drásticas para castigar a los comprometidos en los sucesos. Ofreció, pues, perdonar a quienes habían participado en los hechos. Al mismo tiempo, restableció la Guipuzcoana por vía de prueba, por seis meses, y nombró factor de la empresa a una persona no vasca. Pero la agitación continuaba y la gente mantenía su demanda de expulsión de la Guipuzcoana. El Gobernador Arriaga se dio cuenta de que no podía controlar mucho tiempo esta situación y solicitó ser reemplazado El Rey envió un nuevo Gobernador en 1751, Felipe Ricardos, quien llegó a Venezuela con 600 hombres armados. Traía instrucciones precisas para apresar a Juan Francisco de León y sus principales colaboradores, y reprimir todo intento de continuar las protestas contra la Guipuzcoana.
Asimismo, sus instrucciones le ordenaban restablecer la Guipuzcoana, reducida a las bases del contrato de 1728.
Fin de la revuelta: Al saber la llegada de Ricardos y su propósito de restablecer la Compañía, León comenzó de nuevo a movilizar sus gentes para marchar a Caracas y reclamar una vez más la expulsión de los vizcaínos. Pero el Gobernador Ricardos actuó con gran energía. Solicitó refuerzos a Cumaná y La Habana y movilizó sus tropas contra León, a quien declaró rebelde y traidor al Rey.
León evitó el encuentro con las tropas de Ricardos. Seguido de sus principales partidarios, huyó a los llanos y durante dos meses se mantuvo acosado por las tropas del gobernador. Entre tanto, Ricardos había detenido a un buen número de partidarios de la revuelta y embargado sus bienes. Sin ánimo de luchar contra el gobierno y con sus gentes dispersas y amedrentadas, Juan Francisco de León y su hijo Nicolás se entregaron a las autoridades de Panaquire. Trasladado a Caracas, rindió declaraciones y fue remitido a España, junto con los principales comprometidos en la revuelta.
Por auto del Gobernador Ricardos se dispuso en el juicio: "Que Juan Francisco de León sea remitido a España... con testimonio de su confesión para agregar a su causa, para que Su Majestad se sirva de resolver lo que fuera de su real agrado... Además de remitir a Juan Francisco de León, su hijo y a otros reos, para que el Rey les aplique el condigno castigo, dispone que se derribe y siembre de sal la casa que el primero tenía en esta ciudad..."
CONSECUENCIAS DE LA REVUELTA

Con la prisión de Juan Francisco de León terminó de hecho este movimiento que mantuvo por más de dos años agitada la provincia de Caracas, y dio origen a acontecimientos políticos muy importantes para la vida de la colonia. Sin embargo, este movimiento, aun cuando fracasó en sus propósitos, tuvo importantes consecuencias:
Primero: Las autoridades acogieron las acusaciones formuladas contra la Guipuzcoana durante la revuelta, y tomaron medidas para corregirlas.
Segundo: Se creó una junta de precios, formada por el gobernador, un representante del Cabildo y otro de la Compañía, para fijar los precios del cacao.
Tercero: Se aseguró a los hacendados y cosecheros un sexto de la capacidad de los barcos de la compañía para que remitieran por su cuenta frutos a España.
Cuarto: Se garantizó a los cosecheros y mercaderes criollos el derecho de seguir comerciando con México y se le negó a la Compañía participar en este comercio.
Quinto: Después de la revuelta mejoraron los precios, del cacao y la compañía incremento sus exportaciones a España.
Sexto: Se permitió a los hacendados y mercaderes criollos adquirir acciones de la Compañía, y de esa manera, tener participación en los beneficios de la empresa.
No hay duda de que esta última consecuencia fue la más importante. Los nobles criollos, que habían luchado contra la Compañía y habían apoyado e incitado a León en su revuelta, eran ahora los que obtenían los beneficios de aquel movimiento. Teniendo de su parte a los nobles terratenientes que ahora eran accionistas suyos, la Guipuzcoana no tuvo ya más problemas serios. Esto explica, en cierto modo, la tranquilidad y la paz en que opera la Compañía en los siguientes treinta y cinco años de permanencia en Venezuela.