jueves, 6 de febrero de 2014

Raimundo Andueza Palacio

(Lunes, 6 de Febrero de 1843)
Raimundo Andueza Palacio
Auspiciado por Rojas Paúl, y, en consecuencia, por el liberalismo guzmancista, llega al Poder Raimundo Andueza Palacio el 20 de marzo de 1890. Este Presidente había nacido en Guanare, estado Portuguesa, el 6 de febrero de 1843. Tenía, pues, 47 años para el momento de asumir la Presidencia.
La elección de Andueza fue hecha, tal como lo establecía la Constitución, por el Consejo Federal. Sólo que el nuevo Presidente quiere reformar la Constitución porque dos años le parecen muy poco tiempo para gobernar, y en ese querer prolongar su Gobierno le sobrevino el aventón.
Andueza Palacio hizo sus primeros estudios en Guanare, completó allá el Bachillerato en Ciencias Filosóficas (1858) y hasta inició en su tierra natal la carrera de Derecho, que culminaría en la Universidad de Caracas con la licenciatura, primero, y luego con el grado de Doctor en Derecho Civil, en 1874.
Su condición de Secretario del Presidente de la República en 1866, a los 23 años de edad, le brindó la oportunidad a Andueza de conocer el Poder de cerca. El virus de la política se le sembró en los huesos y continuó ininterrumpidamente: tiene 26 años cuando derriba de una bofetada a un intruso que se cuela en el famoso baile de Guzmán Blanco el 14 de agosto de 1869, y desde entonces se hace agradable a la vista del futuro Autócrata, quien lo escogerá luego, en 1874, para que pronuncie en el Panteón el discurso en honor a Falcón.
Andueza será Diputado, Senador y Presidente del Congreso; Ministro de Relaciones Exteriores, de Hacienda, de Instrucción Pública, de Relaciones Interiores; es decir, toda una carrera de activismo político en los Gobiernos de Falcón, Guzmán, Linares Alcántara, Crespo y Rojas Paúl; además de dos pasantías por la Presidencia de la República, en ausencia de Guzmán y de Linares Alcántara.
Andueza fue un notable tribuno y periodista. Tenía buen carácter y buenas ganas de continuar en el Poder. Por eso, al vencérsele el período el 20 de febrero de 1892, con el pretexto de reformar la Constitución para alargar el mandato, se aguantó cuatro meses más, hasta que fue obligado a entregar el Gobierno en manos del Presidente del Consejo Federal, Guillermo Tell Villegas.
Salió Andueza Palacio al exilio. Regresó en 1898, y al año siguiente es Ministro de Relaciones Exteriores, colgado de la espada victoriosa de Cipriano Castro. Andueza muere en Caracas, el 17 de agosto de 1900. El Cabito lo calificó de «servidor fervoroso de la causa liberal y notable hombre público».
EL GOBIERNO DE RAIMUNDO ANDUEZA PALACIO
Rojas Paúl escogió para sucederle, al Dr. Raimundo Andueza Palacio, quien fue electo Presidente y ejerció el gobierno entre 1890 y 1892. El gobierno de Andueza Palacio se inició bajo los mejores auspicios, en medio de un clima de paz y de bonanza económica que venía de los años de Guzmán Blanco. A ello contribuían también las condiciones personales de Andueza, hombre de pura estirpe civil, "tipo neto de intelectual, de brillante inteligencia y muy vasta ilustración, antípoda, por lo tanto del caudillo formado en los campamentos, que había sido, era y fue después el peligro y la desgracia de la vida política venezolana". Pero no obstante estas condiciones favorables, Andueza Palacio como Presidente fue un hombre "débil de carácter, sensual y cínico; más dado a aprovechar las oportunidades de placer que le brindaba su posición que a asumir las graves responsabilidades de la misma".
Al término de su período se propuso llevar a cabo las reformas constitucionales iniciadas por su antecesor Rojas Paúl, con el objeto de seguir en la Presidencia. Empeñado en esta maniobra continuista, Andueza Palacio hizo aprobar la reforma constitucional por las Municipalidades y Asambleas Legislativas, y pretendió que el Congreso Nacional la sancionara. Pero el Congreso, dominado por los partidarios del General Joaquín Crespo, se opuso a la maniobra y sostuvo su respeto a la constitución según la cual la reforma sólo podía entrar en vigencia un año después de aprobada por el Congreso. Al mismo tiempo, la mayoría del Congreso denunció públicamente la maniobra y llamó al General Crespo a defender la legalidad.
Crespo se alzó contra el gobierno de Andueza Palacio, al frente de la llamada ."Revolución Legalista". Cuatro meses después de una lucha que pudo haberse decidido en pocas semanas a favor de los revolucionarios, Andueza Palacio renuncio y se embarcó para el extranjero, dejando encargado de la presidencia al Dr. Guillermo Tell Villegas, miembro del Consejo Federal, en junio de 1892. Villegas trató de concertar la paz con Crespo; pero éste se negó a reconocer su gobierno, anarquizado y dividido. El encargado se fue al extranjero, y en medio de la mayor confusión se puso al frente del Ejecutivo su sobrino Guillermo Tell Villegas Pulido, quien al cabo de un mes se marchó también, dejando la ciudad sin autoridad, conmovida por desórdenes y saqueos, para ser ocupada poco después por Crespo, al frente del ejército de la Revolución Legalista.

Páez toma las Flecheras

(Viernes, 6 de Febrero de 1818)
Pensando en la conveniencia de tomar a Caracas, Bolívar concibe la idea de atravesar el río Apure, pero no tiene las flecheras necesarias.
El 6 de febrero de 1818 expone su plan a Páez y éste le dice que puede contar con las embarcaciones españolas que estaban del otro lado del río. Al preguntarle Bolívar que cómo las tomaría, Páez le responde que lo hará con la caballería.
-¿Dónde está esa caballería de agua? Porque con la de tierra no se puede hacer tal milagro.
Entonces, Páez escoge cincuenta de sus mejores lanceros de la Guardia de Honor, se lanzan a las aguas y nadando contra la corriente, con las lanzas en la boca, llegaron hasta las embarcaciones y las abordaron de inmediato, causando tal pánico entre los realistas que casi no pudieron defenderse y atemorizados hicieron algunos disparos abandonaron las embarcaciones y se arrojaron al agua para salvarse en la orilla opuesta.
Este episodio, que presenció el Libertador lleno de asombro, se conoce con el nombre de Toma de las Flecheras, en el Paso del Diamante, este río tiene 700 metros de ancho en este punto.

lunes, 3 de febrero de 2014

Cronología: “Decenio Militar en Venezuela 1948-1958”/ Napoleón Camacho.

foto: Napoleón Camacho
La década militar de 1948-1958, constituye un foco de inagotable interés investigativo y, todavía hoy, de encendidas polémicas. Da cuenta del paso de un gobierno representativo de las Fuerzas Armadas a un poder personalista, concentrado en una camarilla y en progresivo distanciamiento de la institución militar. Encierra tres momentos cuyos voceros e intensidades autoritaria pueden ser diferenciados: La Junta Militar de Gobierno presidida por Carlos Delgado Chalbaud (1948-1950), la Junta de Gobierno encabezada por Germán Suárez Flamerich (1950- 1951), y el Gobierno de Marcos Pérez Jiménez , que se inicia como Presidente provisional a partir de las elecciones fraudulentas de 1952, se consolida en Abril de 1953, como Presidente Constitucional y se continua en virtud del plebiscito de 1957, hasta Enero de 1958.
El 14 de diciembre de 1947. Se celebraron las primeras elecciones presidenciales libres en Venezuela. Para elegir al sucesor de Rómulo Betancourt, Presidente de la Junta de Gobierno. Quien llega al poder tras un golpe de estado contra el Presidente de Venezuela, Isaías Medina Angarita. Llevado a cabo por una coalición de las Fuerzas Armadas y el  Político Acción Democrática, y que tuvo como principales cabecillas a Rómulo Betancourt y Marcos Pérez Jiménez.
A este hecho, el historiador Manuel Caballero, comenta lo siguiente: “el 18 de octubre de 1945 más que una fecha es una incitación al desencadenamiento de las pasiones. La finalización de una etapa de la historia política de Venezuela, iniciada el 22 de octubre de 1899, con la llegada de los Andinos al poder, y el comienzo de otra, en la que estarán presentes nuevos actores.”
Rómulo Gallegos resulta ganador de estas elecciones, convirtiéndose en el primer mandatario presidencial del siglo XX elegido de manera universal, directa y secreta por el pueblo venezolano. Toma posesión del cargo, el 15 de febrero de 1948. El cual ejerce por escasos nueve meses. El 24 de de Noviembre de 1948. Se gesta un golpe militar contra Rómulo Gallegos, encabezado por el Alto Mando Militar y se instala una Junta Militar, conformada por: Carlos Delgado Chalbaud (ex-ministro de defensa de Gallegos) quien la preside, Marcos Pérez Jiménez, y Luis Felipe Lloverá Paez. Al acceder al poder la Junta restituyó la vigencia de la Constitución de 1936, incluyendo la reforma de 1945; y prometió elecciones.
El 4 de diciembre de 1948. La Junta disolvió el Congreso, las Asambleas Legislativas de los Estados y los Concejos Municipales, y poco después inició la agresión en contra de los Medios de Comunicación, convirtiéndose en una dictadura.
El 13 de Noviembre de 1950. El Coronel Carlos Delgado Chalbaud, es asesinado en extrañas circunstancia, constituyéndose en el único magnicidio en la historia republicana de Venezuela. Se dice que el magnicidio fue ordenado por Marcos Pérez Jiménez. Pero su asesinato es orientado hacia un lamentable desenlace de un secuestro realizado motu proprio por Rafael Simón Urbina, para propiciar que Pérez Jiménez fuera Presidente, según razones de Urbina.
Delgado Chalbaud lo había despreciado en varias oportunidades y le había negado el reintegro de sus bienes, de los cuales había sido despojado luego de un juicio por peculado en los tiempos del Gobierno del General Eleazar López Contreras. Al día siguiente de la captura de Urbina, fue asesinado por efectivos de la  de  Nacional. El Asesinato del Coronel Delgado Chalbaud provoco una crisis Política Nacional y obligo a reorganizar la Junta Militar para mantener el orden nacional llamándola Junta de Gobierno presidida por Germán Suárez Flamerich.
El 30 de Noviembre de 1952. Se convoca a elecciones de diputados a la asamblea constituyente que modificaría la Constitución vigente y designar un Presidente provisional para Venezuela, en las cuales, el partido URD triunfa con amplio margen sobre el FEI (partido oficialista). El 2 de Diciembre DE 1952. Pérez Jiménez, desconoce el resultado electoral y con el apoyo de las guarniciones militares es proclamado Presidente provisional de Venezuela. El 5 de enero de 1953.
Se reunió en Caracas la asamblea constituyente, con los diputados elegidos por el Frente Electoral Independiente (F.E.I.) partido oficialista. La asamblea en su primera determinación ratifico al Presidente provisional de Venezuela, Coronel Marcos Pérez Jiménez en el ejercicio del cargo. Luego promulgo la Constitución, cuya característica resaltante fue la inmensa autoridad de que se revistió al Presidente de la Republica. El 17 de Abril de 1953. Se instala solemnemente el Congreso Nacional, siendo juramentado como Presidente Constitucional de Venezuela para el periodo 1953- 1958.
El 1° de Mayo de 1957. Los curas párrocos de Venezuela leyeron en los púlpitos una carta pastoral del Arzobispo de Caracas, Monseñor Rafael Arias Blanco. En ella se analizaba la situación obrera del país, se planteaban francamente los problemas de la clase trabajadora y se evocaba en sus términos esenciales la doctrina social de la Iglesia. Constituyéndose este hecho en uno de los grandes y olvidados episodios del último año de la dictadura de Pérez Jiménez.
El 14 de Junio de 1957. Se funda la Junta Patriótica por parte de los partidos URD, PCV, y COPEI. Por el respeto a la Constitución Nacional, contra la reelección de Pérez Jiménez y por un gobierno democrático. El 9 de Agosto de 1957. Acción Democrática se incorpora a Junta Patriótica. El 17 de Noviembre de 1957. Los estudiantes de la UCV se declaran en huelga contra el plebiscito y al día siguiente, la Seguridad Nacional asalta la ciudad universitaria de Caracas, de lo que resulta la detención de más de 200 estudiantes y profesores.
El 15 de Diciembre de 1957. Se realiza el plebiscito. Se anuncia la reelección del dictador, el General Marcos Pérez Jiménez, por cinco años más. El 1° de Enero de 1958. Estalla un movimiento militar en Maracay. Aviones de la  Aérea de Palo Negro sobre vuelan Caracas y bombardean a Miraflores. Precedida por una huelga de la prensa. 10 de Enero de 1958.
Un movimiento de la Marina replanteó la crisis y Pérez Jiménez logró controlar momentáneamente la situación, acosta de sacrificar a dos de sus colaboradores más cercanos, Laureano Vallenilla Lanz, hasta entonces, Ministro del Interior y Pedro Estrada, jefe de la policía. 14 de Enero de 1958. Se reorganizo el gabinete por segunda vez desde el día 10, y Pérez Jiménez asumió directamente el Ministerio de la Defensa. El 21 de Enero de 1958. Estalla a las 10 de la mañana, la huelga general contra la dictadura.
El 22 de Enero de 1958. Se sublevaron la Marina y la guarnición de Caracas, y Pérez Jiménez envió un emisario a la Escuela Militar con el fin de invitar a los militares alzados a negociar en Miraflores, pero éstos no asistieron a la cita. El 23 de Enero de 1958. En la madrugada, las Fuerzas Armada se suman al movimiento popular. Asume el poder una junta cívico-militar de gobierno, presidida por el Contralmirante Wolfgang Larrazábal e integrada por los Coroneles Pedro Jose Quevedo, Carlos Luis Araque, Roberto Casanova y Romero Villate.
Tal día como hoy, jueves, 23 de Enero pero de 1958. Los venezolanos celebran la caída de Pérez Jiménez, a la vez que protestan por la presencia en la Junta de Gobierno de Casanova y Romero Villate, reconocidos miembros del perezjimenismo; los cuales finalmente fueron obligados a renunciar y reemplazados, el día 24 de Enero de 1958, por los empresarios Eugenio Mendoza y Blas Lamberti. Con el objeto de facilitar el  de la Junta de Gobierno, se designó también un gabinete provisional compuesto por juristas, empresarios y ejecutivos, reservándose a un militar para el Ministerio de la Defensa, el Coronel Jesús María Castro León.
Posteriormente, la Junta de Gobierno convoca a elecciones para Diciembre de ese mismo año; se liberan a los presos políticos en todo el país, se amplía la Junta Patriótica con representantes de sectores independientes, ratificándose en la Presidencia de la misma al Periodista Fabricio Ojeda; se abre el proceso de castigo a los personeros del gobierno de Pérez Jiménez, regresan los exiliados. En esos días se iniciaba de manera definitiva, una nueva etapa en la historia de la Venezuela contemporánea.

Resumen sucinto de la vida del General Sucre

Martes, 3 de Febrero de 1795)
Resumen sucinto de la vida del General Sucre
(ESCRITO POR EL LIBERTADOR)
«U. créame, General, nadie ama la gloria de U. tanto como yo. Jamás un Jefe ha tributado más gloria a un subalterno. Ahora mismo se está imprimiendo, una relación de la vida de U. hecha por mí; cumpliendo con mi conciencia le doy á U. cuanto merece. Esto lo digo para que vea que soy justo: desapruebo mucho lo que no me parece bien, al mismo tiempo que admiro lo que es sublime.»- Bolívar- Al General Sucre.- (Párrafo de carta del Libertador.- Lima: 21 de febrero de 1825).
El General Antonio José de Sucre nació en la ciudad de Cumaná, provincia de Venezuela, el 3 de Febrero de 1795, de padres ricos y distinguidos.
Recibió su primera educación en la capital de Caracas. En el año de 1802, principió sus estudios en Matemática para seguir la carrera de ingeniero. Empezada la revolución se dedicó a esta arma y mostró desde los primeros días una aplicación y una inteligencia que lo hicieron sobresalir entre sus compañeros. Muy pronto empezó la guerra, desde luego el General Sucre salió a campaña. Sirvió a las órdenes del General Miranda con distinción en los años 11 y 12. Cuando los Generales Mariño, Piar, Bermúdez y Valdez emprendieron la reconquista de su patria, en el año de 13, por la parte oriental, el joven Sucre les acompañó a una empresa la más atrevida y temeraria. Apenas un puñado de valientes, que no pasaban de ciento, intentaron y lograron la libertad de tres provincias. Sucre siempre se distinguía por su infatigable actividad, por su inteligencia y por su valor. En los célebre campos de Maturín y Cumaná se encontraba de ordinario al lado de los más audaces, rompiendo las filas enemigas, destrozando ejércitos contrarios con tres o cuatro compañías de voluntarios que componían todas nuestras fuerzas. La Grecia no ofrece prodigios mayores.
Quinientos paisanos armados, mandados por el intrépido Piar, destrozaron ocho mil españoles en tres combates en campo raso. El General Sucre era uno de los que se distinguían en medio de estos héroes.
El General Sucre sirvió al Estado Mayor General del Ejército de Oriente desde el año de 1814 hasta el de 1817, siempre con aquel celo, talento y conocimientos que los han distinguido tanto. El era el alma del ejército en que servía. Él metodizaba todo; él lo dirigía todo, más, con esa modestia, con esa gracia, con que hermosea cuanto ejecuta. En medio de las combustiones que necesariamente nacen de la guerra y de la revolución, el General Sucre se hallaba frecuentemente de mediador, de consejo, de guía, sin perder nunca de vista la buena causa y el buen camino. El era el azote del desorden y, sin embargo, el amigo de todos.
Su adhesión al Libertador y al Gobierno lo ponían a menudo en posiciones difíciles, cuando los partidos domésticos encendían los espíritus. El General Sucre quedaba en la tempestad semejante a una roca, combatida por las olas, clavando los ojos en la patria, en la justicia y sin perder, no obstante, el aprecio y el amor de los que combatía.
Después de la batalla de Boyacá, el General Sucre fue nombrado Jefe del Estado Mayor General Libertador, cuyo destino desempeñó con su asombrosa actividad. En esta capacidad, asociado al General Briceño y Coronel Pérez, negoció el armisticio y regularización de la guerra con el General Morillo el año de 1820. Este tratado es digno del alma del General Sucre: la benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron; él será eterno como el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra; el será eterno como el nombre del vencedor de Ayacucho.
Luego fue destinado desde Bogotá, a mandar la división de tropas que el Gobierno de Colombia puso a sus órdenes para auxiliar a Guayaquil que se había insurreccionado contra el Gobierno Español. Allí Sucre desplegó su genio conciliador, cortés, activo, audaz.
Dos derrotas consecutivas pusieron a Guayaquil al lado del abismo. Todo estaba perdido en aquella época: nadie esperaba salud, sino en un prodigio de la buena suerte. Pero el General Sucre se hallaba en Guayaquil, y bastaba su presencia para hacerlo todo. El pueblo deseaba librarse de la esclavitud: el General Sucre, pues, dirigió este noble deseo con acierto y con gloria. Triunfa en Yaguachi, y libró así a Guayaquil. Después un nuevo ejército se presentó en las puertas de esta misma ciudad, vencedor y muy fuerte. El General Sucre lo conjuró, lo rechazó sin combatir. Su política logró lo que sus armas no habrían alcanzado. La destreza del General Sucre obtuvo un armisticio del General español, que en realidad era una victoria. Gran parte de la batalla de Pichincha se debe a esta hábil negociación; porque sin ella, aquella célebre joranda no habría tenido lugar, todo habría sucumbido entonces, no teniendo a su disposición el General Sucre medios de resistencia.
El General Sucre formó, en fin, un ejército respetable durante aquel armisticio con las tropas que levantó en el país, las que recibió del Gobierno de Colombia y con la división del General Santa Cruz que obtuvo del Protector del Perú, por resultado de su incansable perseverancia en solicitar por todas partes enemigos a los españoles poseedores de Quito.
La Campaña terminó la guerra del Sur de Colombia, fue dirigida y mandada en persona por el General Sucre; en ella mostró sus talentos y virtudes militares; superó dificultades que parecían invencibles; la naturaleza le ofrecía obstáculos, privaciones y penas durísimas: mas a todo sabía remediar su genio fecundo. La batalla de Pichincha consumó la obra de su celo, de su sagacidad y de su valor. Entonces fue nombrado, en premio de sus servicios, general de división e Intendente del Departamento de Quito. Aquellos pueblos veían en él su Libertador, su amigo; se mostraban más satisfechos del jefe que les era destinado, que de la libertad misma que recibían en sus manos. El bien dura poco, bien pronto lo perdieron.
La pertinaz ciudad de Pasto se subleva poco después de la capitulación que les concedió el Libertador, con una generosidad sin ejemplo en la guerra. La de Ayacucho, que acabamos de ver con asombro, no le era comparable. Sin embargo, este pueblo ingrato y pérfido obligó al General Sucre a marchar contra él, a la cabeza de unos batallones y escuadrones de la guardia colombiana. Los abismos, los torrentes, los escarpados precipicios de Pasto fueron franqueados por los invencibles de Colombia. El General Sucre los guiaba, y Pasto fue nuevamente reducido al deber.
El General Sucre, bien pronto, fue destinado a una doble misión militar y diplomática cerca de este gobierno, cuyo objeto era hallarse al lado del Presidente de la República para intervenir en la ejecución de las operaciones de las tropas colombianas auxiliares del Perú. Apenas llegó a esta capital, que el gobierno del Perú le instó, repetida y fuertemente, para que tomase el mando del ejercito unido; él se denegó a ello, siguiente su deber y su propia moderación hasta que la aproximación del enemigo con fuerzas muy superiores convirtió la aceptación del mando en una honrosa obligación.
Todo estaba en desorden: todo iba a sucumbir sin un jefe militar que pusiese en defensa la plaza del Callao, con las fuerzas que ocupaban la capital. El General Sucre tomó, a su pesar, el mando.
El Congreso, que había sido ultrajado por el Presidente Riva-Agüero, depuso a este magistrado luego que entró en el Callao, y autorizó al General Sucre para que obrase militar y políticamente como Jefe Supremo. Las circunstancias eran terribles, urgentísimas: no había que vacilar, sino obrar con decisión.
El General Sucre renunció, sin embargo, el mando que le confería el Congreso, el que siempre insistía con mayor ardor en el mismo empeño, como que era el único hombre que podía salvar la patria en aquel conflicto tan tremendo. El Callao encerraba la caja de Pandora, y al mismo tiempo era el caos. El enemigo estaba a las puertas con fuerzas dobles: la plaza no estaba preparada para un sitio: los cuerpos del ejército que la guarnecían eran de diferentes estados, de diferentes partidos; el Congreso y el Poder Ejecutivo luchaban de mano armada; todo el mundo mandaba en aquel lugar de confusión, y al parecer el General Sucre era responsable de todo. El, pues, tomó la resolución de defender la plaza, con tal que las autoridades supremas la evacuasen, como ya se había determinado de antemano por parte del Congreso y del Poder Ejecutivo. Aconsejó a ambos cuerpos que se entendiesen y transigiesen sus diferencias en Trujillo, que era el lugar designado para su residencia.
El General Sucre tenía ordenes positivas de su Gobierno de sostener al Perú, pero de abstenerse de interferir en sus diferencias intestinas; esta fue su conducta invariable, observando religiosamente sus instrucciones. Por lo mismo, ambos partidos se quejaban de indiferencia, de indolencia, de apatía por parte del General de Colombia, que si habia tomado el mando militar había sido con suma repugnancia y sólo por complacer a las autoridades peruanas; pero bien resuelto a no ejercer otro mando que el estrictamente militar. Tal fue su comportamiento en medio de tan díficiles circunstancias. El Perú puede decir si la verdad dicta estas líneas.
Las operaciones del General Santa Cruz en el alto Perú habían empezado con buen suceso y esperanzas probables. El General Sucre había recibido órdenes de embarcarse con cuatro mil hombres de las tropas aliadas hacia aquella parte. En efecto dirige su marcha con tres mil colombianos y chilenos; desembarca en el puerto de Quilca, y toma la ciudad de Arequipa. Abre sus comunicaciones con el General Santa Cruz que se hallaba en el Alto Perú; a pesar de no recibir demanda alguna de dicho General, de auxilios, dispone todo para obrar inmediatamente contra el enemigo común. Sus tropas habían llegado muy estropeadas, como todas las que hacen la misma navegación; los caballo y bagajes, había costado una inmensa dificultad obtenerlos; las tropas de Chile se hallaban desnudas, y debieron vestirse antes de emprender una campaña rigurosa. Sin embargo, todo se ejecutó en pocas semanas. Ya la división del General Sucre había recibido parte del General Santa Cruz, que la llamaba en su auxilio, y algunas horas después de la recepción de este parte estaba en marcha, cuando se recibió el triste anuncio de la disolución de la mayor parte de la división peruana en las inmediaciones del Desaguadero. Por entonces todo cambia de aspecto. Era, pues, indispensable mudar el plan. El General Sucre tuvo una entrevista con el General Santa Cruz en Monquegua, y allí combinaron sus ulteriores operaciones. La división que mandaba el General Sucre vino a Pisco y de allí pasó, por orden del Libertador, a Supe para oponerse a los planes de Riva-Agüero que obraba de concierto con los españoles.
En estas circunstancias el General Sucre instó al Libertador porque le permitiese ir a tomar el valle de Jauja con las tropas de Colombia, para oponerse allí al General Canterac, que venía del Sur. Riva-Agüero había ofrecido cooperar a esta maniobra más su perfidia pretendía engañarnos. Su intento de dilatarla hasta que llegasen los españoles, sus auxiliares. Tan miserable treta no podía alucinar al Libertador, que la había previsto con anticipación, o más bien la conocía por documentos interceptados de los traidores y de los enemigos.
El General Sucre dio en aquel momento un brillante testimonio de su carácter generoso. Riva-Agüero lo había calumniado atrozmente: lo suponía autor de los decretos del Congreso; el agente de la ambición del Libertador; el instrumento de su ruina. No obstante esto, Sucre ruega encarecida y ardientemente al Libertador, para que no lo emplee en la campaña contra Riva-Agüero, no aún como simple soldado; apenas se pudo conseguir de él, que siguiese como un espectador y no como un jefe del ejército unido; su resistencia era absoluta. El decía que de ningún modo convenía la intervención de los auxiliares en aquella lucha, e infinitamente menos la suya propia, porque se le suponía enemigo personal de Riva-Agüero y competidor al mando. El Libertador cedió con infinito sentimiento, según se dijo, a los vehementes clamores del General Sucre. El tomó en persona el mando del ejército, hasta que el general La Fuente por su noble resolución de ahogar la traición de su jefe, y la guerra civil de su patria, prendió a Riva-Agüero y sus cómplices. Entonces el General Sucre volvió a tomar el mando del ejército; lo acantonó en la Provincia de Huailas, donde se le ordenó; y allí su economía desplegó todos sus recursos para mantener con comodida y agrado a las tropas de Colombia. Hasta entonces aquel departamento había producido muy poco, o nada al Estado. Sin embargo el General Sucre establece el orden más estricto para la subsistencia del ejército, conciliando, a la vez, el sacrificio de los pueblos, y disminuyendo el dolor de las exacciones militares con su inagotable bondad y con su infinita dulzura. Así fue que el pueblo y el ejército se encontraron tan bien cuanto las circunstancias lo permitían.
Sucre tuvo órdenes de hacer un reconocimiento de la frontera, como lo efectuó con el esmero que acostumbra, y dictó además aquellas providencias preparatorias que debían servirnos para realizar la próxima campaña.
Cuando la traición del Callao y de Torre-Tagle llamaron los enemigos a Lima, el General Sucre recibió órdenes de contrarrestar el complicado sistema de maquinaciones pérfidas que se extendió en todo el territorio contra la libertad del país, la gloria del Libertador, y el honor de los colombianos. El General Sucre combatió con suceso a todos los adversarios de la buena causa; escribió con sus manos resmas de papel para impugnar a los enemigos del Perú y de la libertad; para sostener a los buenos, y para confortar a los que comenzaban a desfallecer por los prestigios del error triunfante. El General Sucre escribía a sus amigos que más interés había tomado por la causa del Perú, que por la que fuese propia o perteneciese a su familia. Jamás había desplegado un celo tan infatigable; más sus servicios no se vieron burlados: ellos lograron retener en la causa de la patria, a muchos que la habrían abandonado sin el empeño generoso de Sucre. Este General tomó al mismo tiempo a su cargo la dirección de los preparativos que produjeron el efecto maravilloso de llevar el ejército al valle del Jauja por encima de los Andes, helados y desiertos. El ejército recibió todos los auxilios necesarios debidos, sin duda, tanto a los pueblos peruanos que los presentaban como al jefe que los había ordenado tan oportuna y discretamente.
El General Sucre después de la acción de Junín se consagró de nuevo a la mejora y alivio del ejército. Los hospitales fueron provistos por él, y los piquetes que venían de alta al ejército, eran auxiliados por el mismo General; estos cuidados dieron al ejército dos mil hombres, que quizás habrían perecido en la miseria sin el esmero del que consagra sus desvelos a tan piadoso servicio. Para el General Sucre todo sacrificio por la humanidad y por la patria, le parece glorioso. Ninguna atención bondadosa es indigna de su corazón: él es el general del soldado.
Cuando el Libertador lo dejó encargado de conducir la campaña durante el invierno que entraba, el General Sucre desplegó todos los talentos superiores que lo habían conducido a obtener la más brillante campaña de cuantas forman la gloria de los hijos del nuevo mundo. La marcha del ejército unido desde la Provincia de Cotabamba hasta Huamanga, es una operación insigne, comparable quizá a lo más grande que presenta la historia militar. Nuestro ejército era inferior en mitad al enemigo, que poseía infinitas ventajas materiales sobre el nuestro. Nosotros nos veíamos forzados a desfilar sobre riscos, gargantas, ríos, cumbres, abismos, siempre en presencia de un ejército enemigo y siempre superior. Esta corta, pero terrible campaña, tiene un mérito que todavía no es bien conocido en su ejecución: ella merece un Cesar que la describa.
La Batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del general Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta, y su ejecución divina. Maniobras hábiles y prontas desbarataron en una hora a los vencedores de catorce años, y a un enemigo perfectamente constituido y hábilmente mandado. Ayacucho es la desesperación de nuestros enemigos. Ayacucho semejante a Waterloo, que decidió del destino de Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas. Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho para bendecirla, y contemplarla sentada en el trono de la libertad, dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos, y el imperio sagrado de la naturaleza.
El General Sucre es el Padre de Ayacucho: es el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Capac y contemplando las cadenas del Perú rotas por su espada.
Lima 1825.
HOJA DE SERVICIOS DEL GENERAL ANTONIO JOSE DE SUCRE

GRADOS MILITARES QUE OBTUVO
Nombre de los Grados:
Quién se lo acordó:
Dónde se los acordaron: Fechas
Oficial de Milicias regladas (1) La Junta Suprema de CumanáEn Cumaná 12 de julio de 1810
Comandante de ingenierosLa Junta Suprema de CaracasEn Caracas 1810
Teniente CoronelEl General MariñoEn Güiria enero de 1813
CoronelEl LibertadorEn Guayana 1817
General de BrigadaEl Dr. Zea, Vicepte. de ColombiaEn Angostura 1819
General de DivisiónEl LibertadorEn Quito 18 de junio de 1822
Gran Mariscal (2)El -------------En Lima 26 de diciembre de 1824
General en Jefe de la R. de Colombia.El Congreso de ColombiaEn Bogotá 14 de febrero de 1825
(1): Hizo sus estudios matemáticos en Cumaná, bajo la dirección del ingeniero Don Juan Pirez.
(2): El Congreso Peruano el 12 de febrero de 1825, lo hizo Gran Mariscal de Ayacucho.
EMPLEOS MILITARES QUE EJERCIO
Nombre de los empleos:
Quién se los acordó:
Dónde se los dieron - fechas:
Comandante de ingenieros en BarcelonaLa Junta Suprema de VenezuelaEn Caracas – 1810
Ayudante del Generalísimo F. MirandaEl Generalísimo Francisco Miranda- Valencia – 1811
Jefe de un batallón de infantería- General Santiago Mariño- Güiria, enero – 1813
--------- zapadores------- Cumaná, agosto – 1813
Ayudante del General S. Mariño------- Oriente, febrero – 1814
Jefe de E. M. del Ejército de Oriente- Libertador- El Centro, abril – 1814
Jefe de un Batallón en Oriente- General Santiago Mariño- Oriente – 1816
Jefe militar del Bajo Orinoco- Libertador- Guayana – 1817
Jefe de E. M. del Ejército de Oriente------- Octubre – 1817
Jefe al servicio en Oriente y Guayana------- - - 1819
Jefe de E. M. G. del Ejército Libertador------Sabanalarga (Trujillo) Nb. – 1820
Jefe del Ejército del Sur de Colombia------En Bogotá, 11 enero – 1821
Comandante Gral. del Dpto. de Quito------- Quito, 18 junio – 1822
Jefe del Ejército unido de Colombia y Perú- Gobierno del Perú- Lima, 30 mayo – 1823
- Libertador del Perú- Libertador- Lima – 1825
Jefe militar de los Dpmtos. del Perú------- - 1825
Jefe del Ejército colombiano (cuando Tarquí)-------- Bogotá - 1828.
 

domingo, 2 de febrero de 2014

NOTAS BICENTENARIAS Ing. José Ubaldo García. Boconó, Edo. Trujillo, Noviembre 2013 Teléfono 0414-7484364 GGCHACARO@HOTMAIL.COM

San Gerónimo de Guayabal

            Después de la batalla de Mosquiteros en Octubre de 1813, en la que el intrépido Juan Vicente Campo Elías acabó con las pretensiones de José Tomás Rodríguez (Boves), ocurrió la eliminación física de todos los prisioneros capturados y la tropa republicana entró triunfante a la ciudad de Calabozo en donde se estableció una guarnición para mantener la hegemonía patriota en esta región que había sido baluarte importante para los sediciosos que participaban a favor de las banderas del Rey.

            El terrible Boves escapa con muy pocos de sus hombres y se mueve por las sabanas hacia el sur en busca del pueblo de Guayabal, en donde establece su centro de operaciones para la recuperación de sus fuerzas. En aquella región existían las misiones establecidas en el siglo anterior  con el nombre de San Gerónimo de Guayabal y según algunos historiadores era un sitio para el refugio de criminales, ladrones y hombres buscados por la ley, ubicado en la orilla oriental del Río Guárico, que para entonces tenía cierto renombre por el hecho de que sus habitantes se libraban del brazo secular; es decir que los misioneros y sacerdotes no vivían sujetos a votos religiosos o monásticos, y por lo tanto eran permisivos con los feligreses que llegaban por aquellos mundos. Según las palabras de Francisco Herrera Luque en su obra “El Urogallo”, en aquel pueblo existían frailes que tenían sus propios reglamentos para evaluar a sus acólitos y permitían todos los extremos en cuanto a las relaciones personales, comerciales y religiosas. San Gerónimo fue un hombre que nació en la región Croata de Dalmacia por el año 347 de la era cristiana y al contrario de ser un desalmado opuesto a las normas legales, vivió en las regiones del medio oriente estudiando sobre los orígenes bíblicos y haciendo penitencia en el desierto hasta que murió en Belén a los 73 años de edad. El patronato de San Gerónimo no se corresponde para nada a lo que ocurría por aquellos años en la independencia venezolana en la población de Guayabal del hoy estado Guárico, según Alejandro Humboldt en su libro “Viajes a las Regiones Equinocciales”, cuando visitó esta población llanera dice que sus habitantes eran afectos al Rey y muy influenciados por su condición de vivir en dependencia con misioneros que siempre fueron hombres de origen español.

            Por los meses de Septiembre y Octubre el río Apure, el Río Guárico y todos sus afluentes traen sus aguas con las mayores crecidas del año y el español José Tomás Boves se dedicó bajo aquellos cielos a recopilar todos los recursos de tropa y de boca para los venideros meses. Envía a su Lugarteniente José Tomás Morales para Angostura con un cargamento de mulas que van por navegación a nombre del Comandante Cajigal para ser cambiadas por fusiles, municiones, pólvora y vestidos para los miles de hombres que llegan todos los días hasta los campamentos realistas. El reagrupamiento de soldados y llaneros que buscan las querencias del “TAITA” parece obra de un milagro y ante las expectativas de los pardos, negros y mulatos, surge la esperanza de triunfar ante los mantuanos propietarios, para ser por primera vez dueños de un pedazo de tierra donde trabajar y morir.

            El líder Boves comparte con la gente todos sus momentos, es un gran jinete y compite con los llaneros en la recogida de ganado, se mueve rápido en las aguas infestadas de caimanes y no le tiene miedo a los potros cerreros, a los que amansa con facilidad; así como mantiene la dominancia sobre los que llegan para ser soldados y la fuerza para castigar sin escrúpulos a los que se fugan, ó a los que participan en acciones de traición y espionaje para sus enemigos. Don Vicente Lecuna el gran historiador dice que “desgraciadamente no se conserva ninguna de sus proclamas”, sin embargo se conoció una “orden” escrita por Tomás Pérez Tenreiro en uno de sus libros que dice lo siguiente: “Don Josef Tomás Boves, Comandante en Gefe del exercito de Barlovento, por la presente doy comisión al Capitán Josef Rufino Torralba para que pueda reunir quanta gente sea útil para el servicio, y puesto a la cabeza de ella, pueda perseguir a todo traidor y castigarlo con el último suplicio; en la inteligencia que solo un creo se le dará para que encomiende su alma al Criador”.

            El caudillo español toca a la gente del llano en lo más hondo de su ser; ofrece las tierras para quien las trabaje y la libertad para los esclavos que se opongan a sus amos. Declaró la muerte para todos los blancos y la repartición de todos los bienes para aquellos que eran sus esclavos y trabajadores. Según informe de la época “hizo matar en Calabozo a 87 blancos que pudo aprehender y dejo lista de otros 32 para el mismo efecto y orden para su Comandante para que hiciese matar a todo hombre y que las mujeres blancas de Calabozo fueran remitidas a la isla de Arichuna, repartiendo las casas y los bienes de los muertos y de las desterradas entre los pardos y dándoles papeletas de propiedad”.

            Dos meses tardo la preparación de aquel ejército realista; entrenamiento de hombres para el uso de las armas, acopio de recursos de boca, confección de vestidos, amansamiento de caballos, disposición de postas y espías para las avanzadas, arreglo de fusiles y construcción de armas blancas y principalmente de lanzas. Dicen que hasta las ventanas de las casas de aquellas poblaciones fueron arrancadas para alimentar las fraguas y darle sonido a los yunques en el afán por armar a tantos voluntarios que aparecían por todos los caminos de la llanura. El 10 de Diciembre de 1813 Boves arroyo a la tropa republicana en el paso de San Marcos en Calabozo y mato a todos sus hombres. Murieron 900 patriotas incluyendo a los oficiales Carlos Padrón, Pedro Castillo y el Coronel Pedro Aldao.

Nota:  La población de Guayabal del Estado Guárico es capital del Municipio San Gerónimo, tiene 22 mil habitantes, está ubicada en la margen izquierda del Río Guárico y dista 137 km a Calabozo y 14 km a San Fernando de Apure.

Ing. José Ubaldo García
Boconó  Edo. Trujillo, Noviembre 2013

NOTAS BICENTENARIAS Ing. José Ubaldo García. Boconó, Edo. Trujillo, Noviembre 2013 Teléfono 0414-7484364 GGCHACARO@HOTMAIL.COM

 Batalla de Vigirima      

     Después de la derrota de los patriotas en Barquisimeto el 10 de Noviembre de 1813, El Libertador prepara las acciones para neutralizar el avance de las tropas del Rey y se mueve incesantemente entre San Carlos y Valencia haciendo acopio de recursos y recluta de hombres para la defensa. Llama al vencedor Juan Vicente Campo Elías para que venga hacia San Carlos y deja en calabozo al frente de las tropas el Coronel Pedro Aldao, solicita refuerzos a su trio político el General José Félix Ribas, quien se encuentra gobernando la ciudad capital y retira las tropas encargadas del sitio a Puerto cabello para movilizar todos los cuerpos con destino hacia San Carlos.

            Barinas ha sido tomada por el sanguinario José Yáñez, y las fuerzas realistas siguen hasta Guanare con intenciones de juntarse con el Coronel Ceballos quien se ha hecho fuerte en Barquisimeto, en tanto que el Comandante Salomón que ha sido encargado por Monteverde de la jefatura de la tropa española en Puerto Cabello, se siente libre del asedio y dispone de sus hombres con la intención de pasar a la ofensiva en la guerra por la recuperación del poder para la monarquía.

            Las piezas se mueven sobre el tablero Centro Occidental de Venezuela y cada vez son más las dificultades que encuentran el Libertador en su afán de romper definitivamente las cadenas que oprimen a Venezuela desde hace 300 años, las acciones se suceden día tras día en los diferentes puntos y los ejércitos de lado y lado se espían y se capturan prisioneros que van indicando los movimientos y estrategias.

            El Español Don Manuel Salomón salió del Castillo el 20 de Noviembre y en lugar de moverse hacia Barquisimeto por el camino de San Felipe, se dirige al centro del país y de nuevo intentan tomar la ciudad de Valencia, el día 22 de Noviembre las tropas del rey se instalaron en las estribaciones de Vigirima, amenazando a la población de Guacára, camino obligado en las comunicaciones con el centro. José Félix Ribas que viene de Caracas con los 700 hombres de refuerzo, enfrenta las avanzadas realistas y espera la ayuda que trae el Coronel Luciano D´elhuyar y más tarde el propio Bolívar se junta a la resistencia para desalojar a los intrusos de tan importantes lugares. La llamada Batalla de Virigima duró tres días; el 23 de Noviembre de 1813 al medio día se inició el ataque patriota con unos 2300 soldados, quienes poniendo la vida de por medio fueron avanzando hasta desalojar del campo a los realistas y el 25 de Noviembre coronar las alturas, con la que Salomón se vió en la obligación de retirarse abandonando heridos y armamento, para ir de nuevo a su encierro entre los muros del castillo de San Felipe en Puerto cabello.

            La falta de experiencia y táctica de estas tropas españolas desperdiciaron en aquellos días, la gran oportunidad de juntar todas sus fuerzas. Si el movimiento de Salomón se hubiera dado hacia el Occidente, es decir por la vía de Yaritagua a Barquisimeto para el encuentro con el Coronel Ceballos, tal vez otros serían los acontecimientos, y la posterior alianza con José Yáñez habría preparado un ejército que en número y calidad, hubiese marchado sin encontrar ninguna fuerza que obstaculizara el accionar de los españoles por acabar con los revolucionarios venezolanos. El descalabro de Don Manuel Salomón, inyectó nuevos bríos a los republicanos que se movieron hacia San Carlos para organizar la pelea en contra de los líderes Ceballos y Yáñez, quienes ya habían juntado sus gentes y sus caballadas. Para los próximos días se prevén otros movimientos en el ajedrez de la guerra; los españoles acarrean municiones y descansan en las cercanías de Araure, un valle que es encrucijada de los caminos de los llanos, el centro y las regiones del Tocuyo y los Andes, mientras que Bolívar y sus oficiales apuran sus batallones para la reunión de San Carlos y ejercitan a los hombres, que en cuerpo y alma irán a las luchas venideras, pensando en la independencia y en la igualdad que prometen todos aquellos sacrificios.

Nota:

-       El Coronel Pedro Aldao fue un soldado español que se alió a las tropas republicanas, quedó al mando de un batallón para proteger a la población de Calabozo después de la salida de su jefe el Comandante Vicente Campo Elías. El día 08 de Diciembre de 1813 fue atacado por José Tomás Boves quien venía repuesto de sus derrotas, al frente de 2000 llaneros y en las afueras de la ciudad en el lugar llamado el paso de San Marcos se entabló la batalla, en la que los patriotas fueron arroyados completamente, muriendo el Coronel Aldao y todos sus hombres, era el inicio de la venganza de Boves y Morales, dos hombres que marcaron con sangre las páginas de la gesta independentista y a quienes algunos escritores han llamado “El azote del Cielo”.

-       El Canario Domingo Monteverde por aquellos días permanecía herido en las fortalezas de Puerto cabello y entregó el mando usurpado en el año anterior, para retirarse hacia Puerto Rico y posteriormente a España.



Ing. José Ubaldo García

Boconó Edo. Trujillo, Noviembre 2013

Primera Expedición de Miranda

(Domingo, 2 de Febrero de 1806)
Primera Expedición de Miranda
Con una tripulación abigarrada, formada por vagos y maleantes de los muelles de Nueva York, norteamericanos, austríacos, franceses, polacos, etc., sale Miranda con su expedición el 2 de febrero con destino a las costas de 1806, y el honroso objetivo de conquistar su libertad.
A bordo del Leandro, Miranda enarbola por primera vez la bandera venezolana: amarillo, azul y rojo. Hace que todos aquellos «soldados» juren fidelidad a esa bandera y al libre pueblo de Sudamérica.
Parecen cosas propias de un soñador, de un verdadero iluso.
El barco era de doscientas toneladas y tenía 18 cañones. Miranda se había apertrechado con 1.500 fusiles, 50 rifles, 300 pares de pistolas, doscientas espadas, 40 cañones, municiones en abundancia para los cañones y los fusiles, 150 barriles de pólvora, unas cinco mil lanzas, vestuarios de tropa y de oficiales, etc. También se cuidó el Precursor de incluir una imprenta, en la que imprimió las proclamas que enviaría a tierra firme.
Como la expedición no se había preparado en absoluto secreto, las autoridades diplomáticas de España en los Estados Unidos se han dado cuenta y han informado al Gobierno de Venezuela que Miranda se dirige a sus costas con el Leandro y dos goletas más: Bachus y Bee, que han sido contratadas en Haití.
MOVIMIENTOS PRECURSORES DE LA INDEPENDENCIA
Los intentos revolucionarios de Francisco de Miranda. Francisco de Miranda, Precursor de la Independencia americana, concibió la idea de independizar a Venezuela y a toda la América Española y formar con ella una sola nación con el nombre de Colombeia. Esta idea de la unidad de Hispanoamérica en un solo Estado está contenida en un proyecto constitucional elaborado por Miranda en 1790 y presentado al gobierno inglés, cuya ayuda buscaba el Precursor. El contenido principal del proyecto mirandino es el siguiente:
1. Independizar las colonias españolas y reunirlas en una sola nación que recibiría el nombre de Colombeia (Colombia), en honor al descubridor del Nuevo Mundo.
2. Esta nación tendría un gobierno monárquico, presidido por un emperador o Inca (Incanato), de carácter hereditario.
3. Habría un congreso constituido por una cámara de senadores o caciques vitalicios, y una cámara baja o de los comunes, elegida cada cinco años por los ciudadanos del imperio.
4. El poder judicial estaría en manos dé magistrados vitalicios, nombrados por el Inca.
5. Dos censores, elegidos por el pueblo y confirmados por el Inca, tendrían a su cargo vigilar la conducta de los funcionarios, las costumbres de los ciudadanos y la educación de la juventud. Los ediles, nombrados por el senado y confirmados por el Inca, se encargarían de la construcción de caminos, puertos, canales, parques, etc. Los cuestores, nombrados por la cámara de los comunes, velarían por las finanzas del imperio.
El proyecto de Miranda se inspiraba en la constitución inglesa y también en instituciones de la antigua Roma. Todo lo cual aparece en muchos casos bajo la denominación de vocablos indígenas, con lo cual se acentúa su intención hispanoamericanista. Sus ideas organizativas ejercieron influencia en El Libertador, aun cuando éste se apartó en varios aspectos de la concepción mirandina.
Miranda fue, pues, Precursor de la idea de independencia y Precursor de la unificación de los países hispanoamericanos.
Las expediciones de Miranda y sus resultados: Después de haber participado en la guerra de independencia de los Estados Unidos, y en la Revolución Francesa, Miranda se dedicó a buscar ayuda para la independencia de las colonias españolas. Su plan consistía en destituir a las autoridades coloniales, poner interinamente el gobierno en manos de los cabildos y luego dar los pasos necesarios para el establecimiento de un gobierno general y permanente, con acuerdo de toda la nación".
En 1806, después de quince años de esfuerzos en favor de estos propósitos, Miranda obtuvo ayuda de Inglaterra y organizó una expedición que zarpó de Nueva York trayendo 200 hombres, entre jefes, oficiales y soldados; tres barcos y buena cantidad de armas y municiones. Se dirigió a las costas de Ocumare; pero no pudo desembarcar porque los buques españoles que patrullaban las aguas, avisados del intento de Miranda, le salieron al encuentro, y en el combate que se produjo, los revolucionarios perdieron dos embarcaciones, y Miranda apenas pudo escapar en la otra nave a las Antillas. Cincuenta y ocho expedicionarios cayeron en manos de las autoridades, diez fueron condenados a la horca, y cuarenta y ocho a presidio. Los ajusticiados sufrieron la horrible sentencia con que los españoles castigaban a quienes atentaban contra el orden colonial. Sus cuerpos fueron descuartizados y sus partes exhibidas para escarmiento en La Guaira, Caracas, Ocumare y Puerto Cabello. La efigie de Miranda fue quemada públicamente, y su cabeza puesta a precio, y declarado por la Inquisición enemigo de Dios y del Rey.
Poco después, Miranda se encontraba en Trinidad, donde con la ayuda del gobernador inglés preparó una segunda expedición de más de 400 hombres, con los cuales desembarcó en las costas de Coro el 3 de agosto de 1806. Tomó el puerto de La Vela y marchó sobre Coro, que ocupó sin resistencia enemiga. Las autoridades españolas habían ordenado la evacuación de la ciudad, y Miranda se encontró con sus solas fuerzas, sin enemigos a quienes combatir ni amigos que se sumaran a su empresa. Tampoco intentó adentrarse en el territorio en busca de los enemigos. Por el contrario, regresó a La Vela y poco después se reembarcó para las Antillas, convencido del fracaso de su intento y de la indiferencia del pueblo frente a la independencia. En diciembre de 1807 pasó a Estados Unidos y poco después volvió a Inglaterra, donde permaneció hasta 1810, año en que regresó a Venezuela y se incorporó al movimiento revolucionario iniciado el 19 de abril de aquel año.
Causas del fracaso de Miranda: El fracaso de Miranda revela su error de creer que se podía alcanzar la independencia con la sola ayuda extranjera, sin tomar en cuenta al propio pueblo, sin cuya participación habría sido imposible el éxito. La ausencia de Miranda durante más de cuarenta años, su falta de contacto con los sectores sociales que pudieron haberlo ayudado en su intento, y la habilidad de sus enemigos en hacerlo aparecer como agente inglés, determinaron su fracaso. La oligarquía criolla desconfiaba de Miranda; temía que los propósitos del Precursor fueran los de cambiar una dominación por otra. Además, no veían con buenos ojos que el movimiento de independencia estuviera dirigido por Miranda, a quien no consideraban como un elemento de su clase. Esta actitud de la nobleza criolla constituyó una de las causas del fracaso, pues era la única clase social que podía intervenir con éxito en un movimiento de tal magnitud. Pero la nobleza quería intentarlo a su manera y bajo su propia dirección. Así va a ocurrir pocos años después cuando se inició la emancipación definitiva.
En cuanto a los demás sectores sociales, particularmente los pardos, nada sabían de los verdaderos propósitos del Precursor, y seguían la propaganda de las autoridades coloniales, que pintaban a Miranda como agente extranjero, enemigo del Rey y de la Iglesia.
La independencia de Venezuela no iba a lograrse con un golpe de suerte. La mayoría de nuestros historiadores señalan como causa del fracaso de Miranda su falta de decisión para internarse tierra adentro y hacer la guerra a los españoles; y a su falsa creencia de que al anunciar sus propósitos mucha gente se uniría a sus banderas. Claro está que todo esto influyó; pero no fue la causa principal. La independencia sufrió muchos fracasos por la falta de unidad del pueblo venezolano en la lucha por la independencia nacional. El de Miranda fue un fracaso más, como el de Gual y España, el de 1812, el de 1814, y como muchos otros que hubo de sufrir la causa de la patria antes de alcanzar su triunfo definitivo en 1821.